Callados ante la barbarie

Pachuca, HGO.

Ago 18, 2017

A Criterio de

Callados ante la barbarie

Tendría que ser un escándalo mundial y no lo es, lo que me parece increíble. Me refiero a la aparición cotidiana de fosas clandestinas en Veracruz (por no mencionar las de otras entidades)

Tendría que ser un escándalo mundial y no lo es, lo que me parece increíble. Me refiero a la aparición cotidiana de fosas clandestinas en Veracruz (por no mencionar las de otras entidades), que suman los restos de cientos de personas desconocidas que fueron asesinadas por el crimen organizado con total tranquilidad e impunidad.
Es muy triste decirlo, pero allí están los restos de todas esas personas desaparecidas; de todos esos esposos, hijos, padres y compañeros que un día salieron de su casa y nunca regresaron. Tal vez muchos de esos cuerpos sean de criminales, pero nadie merecer ser asesinado, aunque haya sido en vida un auténtico hijo de la chingada. Estoy seguro de que allí están los restos de personas secuestradas por dinero, o las de migrantes a quienes les robaron sus pocas pertenencias, o las de hombres y mujeres forzados a trabajar para el crimen organizado y ejecutados cuando ya no eran útiles, o mujeres prostituidas a la fuerza hasta caer muertas, o…
Y mientras siguen apareciendo cadáveres, nuestra insensibilidad crece. Las notas sobre esos crímenes son parte de una página de un periódico, o merecen unos segundos en la radio o televisión. Nadie se indigna; nadie se preocupa.
Todos aceptamos que esas barbaridades son parte del México en el que nos tocó vivir.
¿De veras no hay responsables de tales atrocidades? ¿De veras los gobernantes municipales, estatales y federales que debieron evitar eso quedarán impunes? ¿Nadie vio nada? ¿Nadie supo nada?
Ya quisiera ver que una fosa de ese tipo apareciera en algún país europeo en nuestros días. O en Estados Unidos, o en Cuba, o cualquier otro sitio de un país en desarrollo. Sería un verdadero escándalo. Las autoridades se estarían tambaleando en sus cargos, y habría manifestaciones pacíficas en las principales ciudades para pedir justicia y lamentar la barbarie.
Pero no. En México nos gusta presumir que nos reímos de la muerte; aunque en realidad lo que nos gusta es que maten a los demás y a nosotros nos dejen en paz. Si no me toca, no me interesa.
Es terrible, y es verdad. Y nadie hará nada.

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