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Coaliciones e independientes

Las dirigencias de todas y cada una de las formaciones políticas imaginan los escenarios que les convienen e intentan modelarlos e influir sobre ellos. Habló Perogrullo. Y todo parece indicar que en un punto el PRI y Morena coinciden: creen que la fragmentación política en la boleta les puede ser favorable. Y en efecto, en las elecciones del Estado de México la fragmentación benefició al PRI pero pudo haber favorecido a Morena. (Ahí están los resultados: Alfredo del Mazo 33.56 por ciento; Delfina Gómez 30.78 y otros cuatro candidatos sumados -aunque uno declinó- 32.34). Su apuesta -creo- se nutre de una elemental constatación: ambos generan más “sentimientos negativos” que apoyos y juegan a que los primeros se distribuyan entre otras fuerzas políticas para convertirse en la mayoría relativa y obtener el triunfo. No resultó casual que ambos partidos vieran con muy malos ojos la eventual segunda vuelta para elegir los cargos ejecutivos.
El quid del asunto es que solo después del 1o. de julio sabremos a quién resultó benéfica la fragmentación. O mejor dicho: qué fuerza se convirtió en la más grande minoría. Porque una cosa es clara: los dos, el PRI y Morena, al final, no podrán cumplir sus expectativas. Solo uno, e incluso cabe la posibilidad de que ninguno de ellos sea el principal usufructuario del escenario fraccionado.
La fragmentación se atemperó con la forja de coaliciones. Los 9 partidos con registro acabaron encuadrados en 3 coaliciones, cada una de ellas producto de las negociaciones entre tres partidos. ¿Cuánto aportan y cuánto restan esas operaciones? Sigue siendo una incógnita, pero imagino que quienes las construyeron piensan que no solo pueden ser una suma de votos sino que incluso pueden convertirse en una multiplicación. (No obstante, quizá sean una resta. Ya veremos). Lo cierto, sin embargo, es que esas coaliciones, en principio, han construido un escenario de tres, lo que amortigua la fragmentación.
No obstante, las coaliciones no estarán solas en la boleta. Es probable que en la misma aparezcan uno, dos o tres candidatos independientes. Con lo cual, diría de nuevo Perogrullo, el número de opciones no solamente crecerá sino que la fragmentación estará presente. No conviene hacerle al brujo y especular sobre el crecimiento o no de esas candidaturas, pero lo cierto es que el desgaste en el aprecio hacia los partidos quizá inyecte no pocos votos a quienes se postulan por fuera de ellos (creando, hay que decirlo, sus propios partidos que no se atreven a reconocerse como tales).
Así, a la disputa entre tres, habrá que sumar a quienes logren su registro como independientes. Y si estos últimos no “prenden” con suficiencia, si no logran concitar el entusiasmo o por lo menos la adhesión de franjas relevantes del electorado, entonces la interrogante será no si tienen posibilidades de ganar la contienda presidencial, sino a cuál de las coaliciones le restan más votos. Cuestión que tampoco puede resolverse en forma definitiva antes de que los ciudadanos acudan a las urnas. (Escribí “en forma definitiva”, porque de manera especulativa…).
Estas son las reglas del juego y hay que acatarlas. Pero todo indica que nuestro próximo Presidente volverá a ser el que logre el tercio mayor de la votación. Un nuevo, legal y legítimo Presidente de minoría. Creo entonces que luego de las elecciones y después de que los elegidos hayan ocupado sus cargos, valdría la pena abrir un serio debate sobre los pros y contras de la segunda vuelta electoral para los cargos ejecutivos (Presidente, gobernadores, alcaldes). Porque la fragmentación política que se encuentra asentada entre nosotros, y que de alguna u otra manera expresa la diversidad de los humores públicos, no reclama exorcistas, sino fórmulas normativas que permitan un segundo realineamiento de las fuerzas y de la voluntad de los electores, cuando el mandato de estos últimos se encuentra tan dividido, y evite que a la Presidencia de la República pueda arribar alguien con más rechazos que apoyos. Piensen además que en una disputa con segunda vuelta podrían llegar a la final Morena y PRI… y alguno de los dos sería beneficiado por el método. Parece que estamos obligados a pensar en lo que es mejor para el país y no en aquello que resulta más ventajoso para alguna de sus partes.

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