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Cuesta de 2018

Por un momento pareció que México había logrado lo imposible: la convergencia en inflación con nuestros principales socios comerciales. En diciembre de 2016 México registraba un aumento anual en el índice de precios al consumidor de 3.36 por ciento. Un año antes, en diciembre de 2015, la cifra fue de apenas 2.13 por ciento. En diciembre de 2014 el alza se ubicó en 4.08 por ciento (Banxico). El esfuerzo realizado desde los años ochenta, cuando llegamos a tener tasas superiores al 100 por ciento, fue enorme, pero durante un tiempo por lo menos pareció rendir frutos. 
Hoy el país ha perdido nuevamente la brújula. En noviembre de 2017 se registró un aumento anual en los precios de 6.63 por ciento, pero se espera que en diciembre el nivel se haya elevado todavía más. La inflación se ha duplicado en apenas un año. Las autoridades argumentaron que el efecto del gasolinazo, hace exactamente un año, sería temporal y que para fines del 2017 estaríamos de regreso en cifras cercanas al 3 por ciento. La predicción estuvo completamente equivocada. 
La vieja idea de que la inflación no es perjudicial, que por el contrario ayuda a generar actividad económica, resulta tan falsa hoy como lo era en el pasado. Su principal efecto pernicioso es afectar el poder de compra de los salarios. El sueldo diario asociados a cotizantes del IMSS registraba en noviembre de este 2017 un nivel de 333.01 pesos, o un avance nominal de 4.92 por ciento sobre los 317.39 pesos de noviembre de 2016. Pero ante una inflación de 6.63 por ciento en el período, el avance se convierte en una pérdida de poder adquisitivo de 1.71 por ciento. 
Quienes no conocen realmente cómo funciona la economía festejan el aumento del salario mínimo, que en noviembre de 2017 se encontraba en 80.04 pesos por día, un aumento de 9.58 por ciento sobre los 73.04 de noviembre de 2016. Ésta sí es un alza real, pero es tan pequeño el número de personas que gana el salario mínimo que este aumento no ha tenido ningún impacto ni en la demanda agregada ni el nivel de vida de los trabajadores. El aumento al salario mínimo parece haber ayudado a impulsar el alza en los precios sin mejorar el nivel de vida de los mexicanos. 
La Junta de Gobierno del Banco de México ha mostrado una creciente preocupación ante el repunte inflacionario. Por eso decidió el 14 de diciembre elevar la tasa de interés objetivo en 25 puntos base para alcanzar un nivel de 7.25 por ciento. La subsecuente depreciación del peso mexicano, sin embargo, señala que ni siquiera ese nivel es suficiente para calmar a los mercados. Tendremos más alzas de tasas de interés en 2018. 
A un año de distancia, no tiene ya mucho sentido seguir culpando al gasolinazo del alza en los precios que hoy sufrimos. El mismo hecho de que el gasolinazo de hace un año haya sido tan fuerte revela que había una inflación reprimida por la manipulación de décadas del mercado de la gasolina. Hoy México está resintiendo presiones inflacionarias muy diversas. La depreciación del peso es uno de los principales factores. El aumento a los mínimos es otro. Los temores generados por la posible terminación del TLCAN han generado incertidumbre. Las campañas electorales, con su tradicional aumento del gasto público, pueden generar presiones adicionales. 
El resultado es que los mexicanos tendremos que enfrentar una pesada cuesta. Pero esta vez no durará sólo el mes de enero. Es muy probable que la suframos a todo lo largo del año.

Gobierno rico
Es tan rico el gobierno de la Ciudad de México que todos los años convierte el Paseo de la Reforma en escenario de un concierto y genera caos vial durante días. Para eso sirve el dinero de los impuestos.

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