¿De quién es la culpa?

Pachuca, HGO.

Sept 22, 2017

A Criterio de

¿De quién es la culpa?

Fue en 2007 cuando el asunto de la regulación de las precampañas emergió como un dilema

Espero que cuando inicien los trabajos para desmontar la pirámide en que, por acciones y omisiones, convertimos a nuestro sistema electoral, una de las primeras estructuras retiradas sea la regulación de las precampañas, que inició a partir de que la SCJN determinó que las mismas son parte del proceso electoral constitucional y las autoridades electorales, administrativas y judiciales, tienen facultades para regularlas (Tesis de jurisprudencia 1/2004).
El antecedente fue el enojo causado en todos los partidos, incluyendo el que lo postuló, por el activismo y promoción que el entonces gobernador de Guanajuato, Vicente Fox, desplegó a partir de 1998, dos años antes de la elección, para imponerse al PAN como su candidato presidencial. El mal ejemplo se repitió cuando desde el final de 2003 el entonces jefe de Gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador, hizo lo mismo para proyectarse como candidato presidencial del PRD para las elecciones de 2006. Dicen que una golondrina no hace verano. Pero dos, sí.
Hasta antes de la Tesis de la Corte, tanto el IFE como el TEPJF habían mantenido el criterio de que las precampañas eran un ámbito de la vida interna de los partidos políticos, en el que carecían de facultades para meter las narices. Como en ese entonces el acceso de los suspirantes a tiempo en TV y radio estaba en función de los recursos con que contaran, o de la complicidad con que las empresas privadas los trataran, el asunto no suscitaba mayor polémica. Tanto Fox como López Obrador hicieron largas precampañas boxeando con su sombra. Nadie les compitió; como hoy al tabasqueño.
Fue en 2007 cuando el asunto de la regulación de las precampañas emergió como un dilema; ante la Tesis de la Corte había dos caminos: uno era establecer en la Constitución que las precampañas eran asunto interno de los partidos y con ello dejar aquella sin valor; el otro era atenderla y poner en la ley las normas de precampaña. Los legisladores optaron por el segundo camino. Y ahí nos metimos al pantano del que no sólo no salimos, sino que cada día nos hundimos más.
Sin tocar baranda, pasamos de la autorregulación a la sobrerregulación: Me explico: hasta antes de la Tesis de marras cada partido decidía sus tiempos y movimientos, método incluido, para seleccionar a sus candidatos a cargos de elección popular. Por ejemplo, a Fox, precandidato único, los panistas le organizaron, en 1999, un remedo de interna, abierta a todo el que quisiera votar, fuera o no afiliado al PAN. Lo mismo hizo el PRI, pero mal hecho. Tanto que el tiro salió por la culata.
Regular las precampañas implicó resolver que habría actos anticipados a las mismas, contrarios a la norma y por tanto sancionables. Eso ya era un problema para las campañas; con las precampañas fue como querer regular la marea desde la ley. Era imposible. El asunto se complicó cuando los legisladores decidieron otorgar a los partidos, y por tanto a los precandidatos, tiempo de TV y radio para las precampañas. En el modelo original eso no estaba contemplado. De inmediato vino la pregunta: ¿hay precampaña con precandidato único?
La Corte entró al quite. En otra tesis resolvió que para que haya precampaña, al igual que en el tango, se requieren al menos dos. Eso era un problema para el PRI, adicto a las candidaturas de unidad; pero con el paso del tiempo el problema fue para todos los partidos, que temen a la competencia interna como la naturaleza al vacío. La salida fue el fraude a la ley.
Hay casos extremos. Primero López Obrador, luego Ricardo Anaya, usan y abusan de los spots de sus partidos. A su manera Margarita Zavala -y otros- siguen el mismo camino, aunque sin acceso a spots de TV y radio. Por ejemplo, el fraude a la ley anunciando libros ha sido utilizado por varios suspirantes, con la complicidad de sus editores; lo cierto es que resulta dinero tirado a la basura. El PRI sigue pasmado, esperando el destape que lo saque del tercer lugar en las encuestas.
Quizá, como dijo Elena Garro, la culpa es de los tlaxcaltecas.

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