El telúrico septiembre

Pachuca, HGO.

Sept 20, 2017

A Criterio de

El telúrico septiembre

El saldo vuelve a ser ominoso con decenas de muertos y con más de millón y medio de damnificados en aquellas empobrecidas entidades.

Imposible resulta olvidar la catástrofe ocurrida el 19 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México. Esta capital fue sacudida por un poderoso temblor de 8 grados y ocasionó, en segundos, el derrumbe de muchos edificios construidos por el gobierno federal, varios hoteles y el enorme condominio Chihuahua en la unidad habitacional Tlatelolco. El vigoroso temblor también demostró las pésimas pero caras construcciones del gobierno federal en esa ciudad, el abandono de hospederías que ya habían sido dañadas por otros sismos menores y la gran irresponsabilidad de las autoridades capitalinas (dependientes del gobierno federal entonces) al no atender las denuncias de un permanente anegamiento en los sótanos del edificio Chihuahua; encharcamiento fijo que fue informado a las autoridades competentes y en una gran lona pegada a la fachada de la edificación, misma que se hizo vieja y fue desgarrada por el viento al cabo de los años.


La tragedia de aquel septiembre en la ahora Ciudad de México vuelve a ser tema del recuerdo con motivo del temblor de la media noche del jueves reciente que elevó los sismógrafos a 8.4 grados Richter y devastó zonas de Chiapas y Oaxaca. Fue un sismo que sacudió gran parte del país y que tuvo su epicentro a 137 kilómetros de Tonalá, Chiapas, y percutió en Guatemala y El Salvador.
Al margen de los daños que han causado los recientes huracanes y tormentas tropicales en el país y en otros del Caribe americano, incluyendo el sureste de Estados Unidos, el sismo del jueves repitió las mismas dosis de dolor, muerte y pérdidas en los estados donde el sismo se manifestó con toda su violencia: Chiapas y Oaxaca. El saldo vuelve a ser ominoso con decenas de muertos y con más de millón y medio de damnificados en aquellas empobrecidas entidades.
Aunque hoy hubo mayor celeridad en los obligados auxilios gubernamentales, los habitantes de aquellas zonas golpeadas fueron los primeros en organizar la ayuda y el rescate de supervivientes. De inmediato, la ciudadanía se organizó no sólo para el pronto auxilio, también lo hizo para el acopio de ayuda externa en todo el país y esta reacción retrotrae las imágenes de 1985 en el entonces Distrito Federal; también de otros países donde los ciudadanos en casos parecidos no esperan para, con organización o sin ella, acudir al auxilio de sus semejantes, mucho antes que las autoridades reaccionen, determinen la ayuda y, además, preparen los escenarios seguros para la foto y la publicidad de acciones como “benéficas”, cuando tales acciones son obligatorias de todo gobierno.
Las reminiscencias de la tragedia de la Ciudad de México en 1985, duraron años en sus calles, en edificios dañados y no demolidos, además de predios desolados donde alguna vez estuvo un hotel, el Centro Médico, las torres de la plaza Pino Suárez y otras edificaciones que desaparecieron a consecuencia del terremoto de septiembre.
Hoy, más de millón y medio de damnificados en Chiapas y Oaxaca reclaman ayuda porque quedaron en total desamparo. Reclaman ayuda de los gobiernos estatales y federal porque es su derecho en esta hora de destrucción y tragedia. Bueno sería saber que la ayuda efectiva que demandan les llegue pronto y de manera sustancial, no sólo para paliar las pobres pertenencias que perdieron en este nuevo terremoto de septiembre.

 

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