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Medicamento

Don Algón, salaz ejecutivo, le preguntó a la chica que solicitaba el puesto de secretaria: “Y dígame, señorita Rosibel: ¿tiene usted referencias?”. “Tengo tres -respondió ella-. Busto: 106 centímetros. Cintura: 60. Cadera: 92”. Capronio, sujeto ruin y desconsiderado, se sentaba a desayunar  todas las mañanas y ponía siempre sobre la mesa un extinguidor de incendios. Su pobre esposa le decía con aflicción: “Caray, Capronio, ¿nunca me vas a perdonar que una vez se me haya quemado el pan de tu tostada?”. Don Cornulio llegó a su casa en horas de la madrugada después de un largo viaje. Se dirigió a la alcoba de puntillas a fin de no despertar a su señora, que de seguro estaría durmiendo el sosegado sueño de la mujer casta y honesta. Al entrar en el cuarto se sobresaltó al oír no una respiración, sino dos. Encendió la luz del aposento, y lo que vio lo encendió en cólera. He aquí que en el lecho conyugal, a más de su esposa, estaba un tipo que ciertamente no era él, pues él era el que estaba viendo aquella badomía. Don Cornulio prorrumpió en denuestos contra el hombre que había usurpado su lugar en el tálamo. En un solo golpe de voz, con un manejo de la respiración que le habría envidiado Alfredo Kraus, le gritó: “¡Villanopícarobribóntruhánbellacoperillántunantepillomalandrín!”. Así diciendo lo agarró por las solapas de la piyama y empezó a zarandearlo con violencia. “Por Dios, Cornulio -trató de calmarlo la señora-, ten cuidado. Es tu piyama nueva”. En medio de tantas cosas malas una buena. Aplaudo, y con ambas manos, para mayor efecto, los esfuerzos que lleva a cabo el director general del IMSS, Mikel Arriola, por hacer más eficiente, menos costosa y más transparente la adquisición de medicamentos, vacunas y materiales de curación en general. Un área muy sensible es la que tiene que ver con la salud del pueblo y con las instituciones públicas encargadas de velar por ella. Los cuantiosos recursos que el Estado destina a ese rubro pueden sufrir grandes menoscabos por manejos ineficientes, o de plano turbios. Las acciones realizadas por el titular del IMSS muestran los buenos frutos que pueden conseguirse cuando se privilegian la honestidad y la buena administración por encima de los intereses particulares y la politiquería. Enhorabuena. Dulciflor, muchacha de atractivas prendas personales, le confió a Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne: “Creo que debo ver a un analista. Todas las noches me sueño desnuda”. Replicó él: “Yo también todas las noches sueño lo mismo”. “¿Te sueñas desnudo?” -se interesó Dulciflor. “No -precisó el lúbrico sujeto-. Te sueño desnuda a ti”. Don Martiriano, el sufrido consorte de doña Jodoncia, conoció en una fiesta a una dama de nombre Ana Conda, que tenía fama de mujer fatal. La descripción que de ella le hicieron las esposas presentes lo movió a abordarla. “Señorita -le habló con timidez-. Me dicen que es usted destructora de hogares. ¿Podría hacerme el favor de destruir el mío?”. Babalucas fue nombrado alcaide de la prisión local. El primer día el jefe de la guardia fue a su oficina y le informó alarmado: “¡Jefe! ¡Un reo se nos acaba de escapar!”. “¿Y qué? -respondió con displicencia el badulaque-. Tenemos más ¿no?”. En el bar el atrevido tipo le dijo a la preciosa chica: “Te voy a invitar unas copas”. “No lo harás” -replicó ella. Prosiguió sin turbarse el individuo: “Luego te voy a llevar a mi departamento”. Opuso ella: “No me llevarás”. Impertérrito siguió el sujeto: “Ahí te haré el amor desaforadamente”. “No me lo harás” -insistió ella. Sin hacer caso siguió el otro: “Y ni siquiera usaré protección”. Dijo ella: “Sí la usarás”. FIN.

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