No le hace justicia la revolución

Pachuca, HGO.

Jul 23, 2017

A Criterio de

No le hace justicia la revolución

Era el 17 de junio de 2014. En Fortaleza, Brasil, el equipo local y México se veían las caras en su segundo juego de la Copa Mundial.

Era el 17 de junio de 2014. En Fortaleza, Brasil, el equipo local y México se veían las caras en su segundo juego de la Copa Mundial. En el primer tiempo, Dani Alves recogió un balón a la deriva en tres cuartos de cancha y mandó un centro con comba hacia afuera que se paseó por el área mexicana. Neymar se elevó y superó la marca de Rafa Márquez para conectar la pelota con un movimiento de cabeza, como diciendo “sí”.
Parecía que estaba cantado el primer gol del juego, pero Guillermo Ochoa le dijo que no con una espectacular atajada tirándose casi hacia atrás, en uno de los grandes momentos de la justa, que FIFA comparó con la atajada de Gordon Banks a Pelé en 1970: la atajada del siglo.
En Brasil, Ochoa fue uno de los mejores jugadores del Tri y, sinceramente, entonces pensaba que ese torneo sería un parteaguas en su carrera. Su contrato con el Ajaccio había terminado y sonó para reforzar a varios equipos de renombre, recuerdo especialmente al Liverpool. Sin embargo, la historia fue otra: fichó por el Málaga el último día de julio de ese año y no pudo quitarle la titularidad a Carlos Kameni, portero suplente de una de las peores selecciones de aquel Mundial.
El caso de Paco Memo es curioso y hasta triste. No se puede negar que es un portero con cartel internacional, si bien no de la talla de muchos otros arqueros, pero nunca ha tenido un valor alto y siempre se fue de su equipo sin dejar ganancias. Su mayor valor de mercado, según la prestigiosa página Transfermarkt, lo alcanzó con el América (8 millones de euros); pero se fue gratis al Ajaccio al acabar su contrato.
Desde ahí, todo fue colina abajo. Dejó Córcega por Málaga, como ya explicamos, como agente libre cuando tenía un valor de cinco millones de “pesos europeos”; y después se fue a préstamo al Granada, donde se convirtió en el meta más goleado de España. Para entonces, lo valoraban en tres millones. Luego vino la Confederaciones y el Standard de Lieja, donde usará la camiseta número ocho.
Yo no sé si Ochoa sea el mejor portero de México, eso está para el debate. De lo que estoy seguro es que es el más valiente. Se fue del América gratis, en claro (aunque quizá involuntario) desafío al Pacto de Caballeros y además sacrificó cuestiones económicas en aras de perseguir el sueño europeo.
Esto parece fácil, pero intentemos ponernos en su lugar. ¿Cuántos dejaríamos la comodidad financiera y laboral de ser el titular en uno de los equipos más poderosos del país por construir castillos en el aire?
Ayer, el portero cumplió 32 años. Fácilmente pudo buscar acomodo en México o la MLS, donde pudo cobrar lo que quisiera, como Gio dos Santos. Y sin embargo, decidió quedarse en Europa a la espera de recibir, al fin, el ansiado pasaporte comunitario; con la esperanza de, ahora sí, fichar con un club de categoría.

 

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Criterio Hidalgo

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