Nuestro planeta vivo

Pachuca, HGO.

Dic 13, 2017

A Criterio de

Nuestro planeta vivo

La pobreza y la falta de educación se unen para convertirse en el factor que multiplica esas fallas y las hace permanentes. La calidad de las viviendas en las áreas monzónicas o de huracanes dejan mucho que desear,

El verano de 2017 está siendo memorable por el número e intensidad de fenómenos naturales que ha registrado, los que mandan un mensaje claro: nuestro planeta, pese a nosotros, está vivo y bien haríamos en cuidarlo y cuidarnos mejor también nosotros. Este intenso verano inició en julio con la esperada fractura de una plataforma de hielo en el Polo Sur. Esta plataforma se ubica en la parte costera del continente antártico frente a Tierra de Fuego.
Una sección de esa área, la denominada plataforma Larsen C, de cinco mil 800 kilómetros cuadrados (km2), se separó del resto de la Antártida y formó el iceberg A68. Se trata de un proceso que inició en 1995 con la sección A de esa plataforma, siguió en 2002 con la B y ahora tocó el turno a la C.
La superficie de la sección desprendida es superior a la de nuestro estado de Aguascalientes que mide cinco mil 589 km2 o a los cinco mil 455 km2 de Colima. O equivalente a casi cuatro (3.7)veces la CDMX, de acuerdo a cifras del INEGI.
Luego, desde agosto, ha tocado el turno al sur asiático, específicamente a los países que rodean al océano Índico (India, Nepal, Bangladesh, Pakistán) sufrir los efectos de las habituales lluvias monzónicas, que si bien abastecen de agua a la zona y proporcionan el elemento central para la producción agrícola y de ahí la ganadera, también inundan zonas donde las construcciones no siempre están en las mejores condiciones.
En un balance preliminar pues la temporada monzónica aún no termina, la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de Naciones Unidas, ha calculado en no menos de 41millones el número de personas afectadas por esas lluvias y un número de decesos cercano ya a los mil a fines de agosto, pero que casi un mes después se ha acercado a dos mil, en las peores lluvias en una década.
Ya en nuestra región la temporada de huracanes ha sido de fuertes proporciones. Este lunes 11 el estadunidense Centro Nacional de Huracanes mostraba en sus imágenes a dos huracanes y la posibilidad de otro: Irma dejando Florida, mientras José, con categoría 2 se ubicaba al norte de Cuba y de República Dominicana, y la perturbación 1 viajaba desde la parte occidental de África hacia las más orientales islas caribeñas.
Antes había pasado Harvey, que no solo devastó Texas, sino que hundió dos centímetros el área metropolitana de Houston, debido al peso del agua acumulada durante las inundaciones, de acuerdo a registros de expertos de la NASA. Los efectos de Irma se sumaron a los de Harvey en el noreste de México, mientras el pasado fin de semana un sismo de 8.2 grados afectó a todos los municipios de Chiapas y muchos de Oaxaca, aunque Juchitán ha centrado la destrucción.
Nada de lo anterior es nuevo, año con año desde que la Tierra existe pasa aunque ahora se acusa a la elevación de la temperatura como la responsable de que los huracanes y monzones sean más severos en sus consecuencias, y esto sí es nuevo y aún en estudio como para afirmarlo.
Sin embargo, hay dos grandes temas que tanto los responsables políticos como la gente común y corriente debemos considerar. Efecto o no del cambio climático, los fenómenos naturales entre más severos, más dejan al descubierto fallas humanas, muchas de las cuales se repiten una y otra vez.
La pobreza y la falta de educación se unen para convertirse en el factor que multiplica esas fallas y las hace permanentes. La calidad de las viviendas en las áreas monzónicas o de huracanes dejan mucho que desear, y a la luz de la destrucción que año con año se da, no parece existir voluntad de mejorarla pese a saberse que nuevas lluvias llevarán a más víctimas.
El caso del terremoto del pasado jueves siete es otro ejemplo. La CDMX está preparada con una alarma sísmica que nos previene, y desde 1985 la calidad de los edificios ha mejorado, pero no pasa lo mismo en las zonas adyacentes a los epicentros, habitualmente las costas de Jalisco, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, donde las primeras construcciones que caen, las quesiempre caen, son las de las personas de menos recursos.
La atención a las emergencias por el clima no puede detenerse en los grandes pactos, como el Acuerdo de París, ni en enviar socorros a los daminificados, sino en dotar a esas regiones siemprevíctimas, de medidas de alerta, de educación y de construcción que al menos atenuen la severidad de la Naturaleza.
Nuestro planera está vivo y debemos tratarlo con respeto.
De salida: Corea del Norte tiene un problema de convivencia con la comunidad de naciones y por eso recibe sanciones. Irán, India o Pakistán, siguen con sus programas nucleares dentro de lasnormas internacionales, que al menos nos garantizan un poco de certeza. Pero no queda claro que expulsar a su representante en México vaya a hacerlo reflexionar ni mucho menos lo afecte dealguna manera.

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Criterio Hidalgo

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