Regeneración

Oziel Serrano Salazar

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Posdemocracia

lunes, 23 de julio de 2012
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El sociólogo Colin Crouch señala que en los últimos tiempos estamos siendo testigos de cómo la democracia deriva hacia una realidad especialmente paradójica, donde a pesar del aparente fortalecimiento de las democracias más establecidas, la política es cada vez menos la proyección de las necesidades de los ciudadanos para convertirse, en cambio, en un espectáculo mediático controlado por unas élites que representan exclusivamente los intereses de las grandes empresas.

A esta nueva concepción de la democracia, Crouch la denomina posdemocracia, la cual se caracteriza por situaciones de aburrimiento, frustración y desilusión que se arraigan en la sociedad después de un evento democrático por la evidente realidad de que los poderosos intereses de una minoría cuentan mucho más que los de la mayoría y por aquellas otras situaciones en las cuales las élites políticas han aprendido a sortear y a manipular las demandas populares y las personas a ser persuadidas para votar mediante huecas campañas publicitarias.

Este autor británico trata de demostrar que la causa fundamental del declive democrático en la política contemporánea es el importante desequilibrio que actualmente se produce entre los intereses empresariales y los de prácticamente todo el resto de los grupos, lo cual trae como resultado el que la política se esté convirtiendo cada vez más en un asunto de élites cerradas, tal como ya ocurría en los tiempos predemocráticos.

Para el también autor de Estado y economía en el capitalismo contemporáneo, en el modelo posdemocrático, aunque las elecciones y la alternancia existan, el debate electoral público se limita a un espectáculo, donde la política se desarrolla entre bambalinas mediante la interacción entre el gobierno y las élites que representan los intereses de las empresas, y donde los ciudadanos desempeñan un papel pasivo, inactivo e incluso apático.

Crouch reconoce la necesidad de cambiar el rumbo de la vida política, al menos en parte, de la deriva inexorable hacia la posdemocracia; para ello, afirma, se debe actuar a tres niveles: con políticas que intenten detener el creciente dominio de las élites empresariales; con políticas que aborden la reforma de la política como tal; y, por último, con medidas que posibiliten la actuación de los propios ciudadanos interesados.

Este último nivel es especialmente importante para Colin Crouch, pues “la democracia prospera cuando existen más oportunidades de que una gran parte de las personas intervengan activamente en el diseño de la agenda pública y no sólo a través del voto, sino también de la deliberación y la participación en organizaciones autónomas”.

 

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