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Lo bueno y lo malo del Renaut

Esta columnejilla empieza hoy con el chiste más rojo del equinoccio de primavera...
viernes, 16 de abril de 2010
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Esta columnejilla empieza hoy con el chiste más rojo del equinoccio de primavera. Se llama “Penas y Alegrías del Amor”, y lo condenaron por igual doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, y el reverendo Rocko Fages, pastor de la Iglesia de la Tercera Venida. No confundir con la Iglesia de la Tercera Avenida, que permite desear a la mujer del prójimo, o al prójimo, pero no a los dos al mismo tiempo. (Aplican restricciones). Lean mis cuatro lectores el supradicho cuento, pero háganlo bajo su riesgo. Por mi parte yo haré penitencia en un monasterio cartujano. He aquí esa historieta propia de gorrinos... Una señora le pidió a su esposo dinero para comprarse un vestido “soñado” que había visto, rojo, de seda, strapless, y con aplicaciones de encaje y de guipure. Al hacer la petición usó zalamerías y lisonjas. Llamó al marido “mi gordito hermoso”, “negro santo”, “papacito lindo”; lo llenó de adjetivos cariciosos. Él, sin embargo, le negó la suma. Entonces la señora se enojó, y cambió aquellas palabras halagüeñas por rudos y pesados vilipendios. Le dijo al hombre “lameculos”, “braguetero”, “mollejón”, y otros denuestos y baldones que no transcribo aquí porque hoy es día de San Fructuoso, padre de los monjes visigodos, merecedor de todos mis respetos. Divertido, el marido le propuso a su mujer: “Con tus primeras palabras me hiciste sentir bien; con las segundas me indignaste. Si logras decirme algo que al mismo tiempo me agrade y me enfurezca, te daré el dinero”. Al día siguiente ella lucía el vestido que tanto había anhelado, rojo, de seda, strapless, y con aplicaciones de encaje y de guipure. ¿Qué le dijo a su esposo la señora, que a la vez le dio contento y lo enojó? La respuesta se encontrará al final... Hablé sobre el Renaut con un experto en cosas de seguridad, y lo vi muy inseguro. Me manifestó que, como todas las cosas -incluso las malas-, el Renaut tiene algo bueno, y que, como todas las cosas -incluso las buenas-, el Renaut tiene algo malo. Eso me puso en un estado de confusión mayor que el que tenía antes de hablar con él. Su conclusión, sin embargo, fue que más temprano que tarde ese dispositivo acabará por desaparecer. Es demasiado complicado para poder funcionar bien, consideró, y hará agua por todas partes, hasta el punto en que su operatividad se volverá imposible. Le sorprende a ese experto que no se hayan tomado medidas más sencillas y viables, como la de reglamentar el uso de las comunicaciones telefónicas en las prisiones, toda vez que está comprobado que la gran mayoría de las llamadas para extorsionar salen de centros de reclusión. También hay fallas de seguridad causadas por compañías telefónicas. Los aparatos de algunas, por ejemplo, no dejan conocer el número del teléfono que está llamando, y lo muestran sólo si el aparato que recibe la llamada es de la misma marca. Así, el Renaut es visto por muchos como amenaza a la seguridad de quienes usan teléfonos móviles. Más que darles protección, se piensa, los expone a riesgos de todo orden. La desmesura de los datos que debe registrar, y sus continuos cambios, hacen de la tarea del Renaut una empresa gigántica y difícil. Su falta de efectividad, de utilidad real, se pondrá de manifiesto cada vez en mayor medida, y cualquier cambio en las circunstancias políticas actuales podrá llevar a su desaparición. Todo eso me dijo el experto en seguridad. Yo, para estar seguro, mejor no dije nada: el silencio es la salvaguarda del ignorante... ¿Qué le dijo aquella señora a su marido, que al mismo tiempo lo halagó y lo hizo indignarse? Le dijo: “Lo tuyo es más grande que lo del compadre, y follas mejor que él”... FIN. [c]

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