Bertha Alfaro

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¿Quién podrá ayudarnos?

miércoles, 8 de agosto de 2012
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A unos cuantos días de que se califique la elección, las expectativas de que Hidalgo dé pasos firmes hacia ese polo de desarrollo anhelado por más de una década, si no es que más, están digamos en el ánimo de cientos de hidalguenses que ya se miran en las grandes ligas de la política mexicana.

Y no es para menos, la enjundia con que participaron aportando ideas, tiempo y esfuerzo les hace abrigar esperanzas para figurar en algún espacio, por pequeño que sea, y desde ahí servir a México.

Interesantes, los comentarios de pasillo en torno a las apuestas de quiénes integrarán el gabinete presidencial,

Que si Miguel, que si Jesús, que si Eugenio y no faltan los más audaces que se autonombran como los políticos que México necesita.

Las secretarías que le esperan a esta administración para conformar un cuadro de jugadores de alto nivel, parecieran ser parte de un paquete de premios que tendrá que dividirse entre los miles de iluminados que ya se sienten en la silla.

Lo curioso es que en Hidalgo todos ya están más que listos para hacer las maletas y mudarse a la gran urbe, con la idea de que el gabinete será hidalguense casi en su totalidad.

Y mientras el momento esperado llega, en Hidalgo hay una tranquilidad poco usual, como si de las fechas dependiera el trabajo que requiere un estado con necesidades específicas.

Yo no dudo que el presidente electo haya hecho tal número de compromisos, que seguramente alcancen para incluir a los cientos de políticos profesionales que han emergido de la cepa hidalguense; sin embargo, la espera debiera ser trabajando, o al menos eso creo.

Porque ahora resulta que en ese compás de espera y con las ansias de ser llamados, me imagino a los funcionarios esperando como novias de pueblo, junto al teléfono rogándole que suene.

Afuera los ciudadanos que en su mayoría no cuentan con la recomendación del “señor”, en el mejor de los casos, luchan a diario para sacar los gastos para la familia, pagar la renta, la comida y algunos las cuotas de inicio de curso escolar.

El grueso de la gente no deshoja la margarita esperando la llamada de altísimo, quizá y como última esperanza, le dan tiempo al tiempo con la ilusión de que se cumplan las promesas.

Los que escucharon una y otra vez los compromisos de campaña esperan ese aumento de salario que en spots de televisión machacaban una y otra vez asegurando categóricamente que ahora sí todos vamos a ganar más.

Y me pregunto ¿cómo demonios le van a hacer para convencer a mi jefe para que nos incremente el salario?

Para los que aún cuentan con un empleo el tiempo se ha detenido y han visto cómo el sueldo se hace cada vez más pequeño y los gastos aumentan mes a mes.

Y qué decir de los pequeños empresarios que han tenido que cerrar sus negocios porque de plano la nómina y el alquiler del local literalmente se los comió.

Pero quienes de plano pasan las de Caín, son los miles de desempleados que a diario salen a la calle rezando porque ahora sí encuentren un trabajo, de lo que sea, pero un empleo que les garantice que puedan llevar satisfactores a su familia.

Con este panorama y con las voces discordantes cada vez más acalladas, y los hombres y mujeres que luchaban por los derechos de los ciudadanos totalmente noqueados, solo nos queda decir:

¿Y quién podrá ayudarnos?

 

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