El Filósofo de Güémez

 

Ramón Durón Díaz

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La oración y los milagros

Algunos de mis apreciados lectores me escriben preguntándome que si soy seminarista, sacerdote o pastor –situación que mucho me honraría en verdad–...
martes, 4 de enero de 2011
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Algunos de mis apreciados lectores me escriben preguntándome que si soy seminarista, sacerdote o pastor –situación que mucho me honraría en verdad–, y aquí entre nos, soy un viejo que, amando apasionadamente la vida, ha aprendido a valorar los poderes que Dios entrega diariamente en mi camino, uno de ellos: el don de la oración, que me recuerda que Dios siempre está escuchando.

Con gran sabiduría Thomas Fuller afirmaba: “La oración debería ser la llave del día y el cerrojo de la noche”, y en el caso de este filósofo así es; mi vida no se explica sin la oración. Las hermosas abuelas de mi tierra afirman: “Sólo Dios sabe cuál es el peso del poder de la oración”.

Ellas me han enseñado que hacer oración es el más maravilloso puente hacia el infinito, es conversar con Dios desde lo más profundo de nuestro corazón.

Oramos, verbal, mental o contemplativamente para alabar a nuestro Padre, para solicitar ayuda o para agradecer. Cuando oramos no necesitamos elevar el tono de voz, basta con que nuestras palabras salgan de lo más intimo de nuestro ser para que éstas sean escuchadas.

“Cuando Dios cierra una puerta, abre otra, y más grande, pero entre una y otra puertas hallarás un pasillo que se aligera con el poder de la oración”. Lo importante es aprender a diferenciar entre rezar y orar; rezar es decir de memoria las súplicas, las frases o las oraciones asimiladas por la repetición.

Orar es poner tus sentidos corporales y extra corporales en el encuentro íntimo más sublime con el Señor; es una mirada hacia el cielo que silencia tu diálogo interno, detiene los estímulos mentales con que la misma mente se sostiene y atrae el silencio, logrando una maravillosa conexión de tu espíritu con Dios.

Una oración verbalizada en estas circunstancias, adquiere tal poder, tal fuerza, que la energía del cosmos se subyuga a la plegaría… y Dios te escucha.

Si de algo estoy convencido, es que una cosa es estudiar teóricamente la oración y otra es sentir la generosidad de su poder en nuestra vida, teniendo la experiencia vital de su energía infinita; esto lo digo porque la oración produce milagros, esos que la razón no entiende porque están más allá de los poderes del hombre.

Y si de milagros hablamos, permítame comentarle algunos que en mi pueblo se han dado gracias al poder de la fe, que lleva implícita la oración.

A la maestra Oralia le fue detectado un cáncer de tiroides, inmediatamente entró el desánimo en su mente, debilitando su sistema inmunológico y en consecuencia, su cuerpo. Poco tiempo después, invitada por su hija, llegó a una iglesia, ahí la feligresía hizo oración en torno a ella, elevando una plegaria al Señor por su salud; cuando ésta se desarrollaba, Oralia se desvaneció, a los pocos minutos se reavivó sin recordar nada que no fuera que por la coronilla de su cabeza había entrado algo caliente que recorrió su tiroides y llegó hasta su abdomen.

A los pocos días que fue al chequeo médico, para sorpresa del galeno, el cáncer había desaparecido.

Otro milagro que se suscitó, fue cuando la radióloga y los tres distintos ginecólogos que atendían a la esposa del licenciado Leonardo Hilario, les dijeron que su bebé de 4 meses de gestación, venía con “translucencia nucal –un marcador de síndrome de Down”, cosa que los derrumbó.

Con una fe infinita, su familia, amigos, conocidos y gente que sabía de su situación, se unieron para hacer oración por el bienestar del pequeño. Pasado el tiempo, tocó la visita al médico que llevaba los estudios, quedando gratamente sorprendido al ver el resultado de los mismos; comunicó a los padres que el bebé estaba en perfectas condiciones, naciendo posteriormente completamente sano.

Como las anteriores historias, cuántas más habremos escuchado en nuestros pueblos, en donde la oración produce milagros, por eso el viejo Filósofo de Güémez que desea que tu vida esté llena de prodigios, amorosamente te invita a que inicies el 2011, orando, porque la oración está llena de bendiciones y éstas son ilimitadas.

Sólo quienes gozan en el privilegio de encontrarse íntimamente con la oración, han sentido el poder de su alcance y las dimensiones de esta maravilla. La oración, te dice: “En tiempo de tormenta o densos nubarrones, confía en Dios, que para él… nada es imposible.”

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