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Políticas Públicas

Ahora que comienzan los procesos electorales para renovar alcaldías es generalizado escuchar y sobre todo analizar la propuesta...
jueves, 24 de febrero de 2011
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Ahora que comienzan los procesos electorales para renovar alcaldías es generalizado escuchar y sobre todo analizar la propuesta de campaña, el discurso pero sobre todo algo que se mantiene oldivado y que es la verdadera fuerza en cualquier gobierno: Las Políticas Públicas.

¿Y que son las Políticas Públicas?, al no existir una definición específica nos referimos al concepto de Peters (1982) que las define como “el conjunto de actividades de las instituciones de gobierno, actuando directamente o a través de agentes, y que van dirigidas a tener una influencia determinada sobre la vida de los ciudadanos”.

O sea, todas las acciones que ejerce el gobierno encaminadas a solucionar o prevenir los problemas y retos de la ciudadanía.

Sin embargo, el proceso de generación de Políticas Públicas no es tan obvio como parece, ni se alimenta en su totalidad de las legítimas demandas e intereses ciudadanos o problemas que competen en el momento o que representa una amenaza u oportunidad en el futuro, sino que a primera vista dan la apariencia de ser directivas elaboradas más por un sistema político que busca en primer instancia solucionar temas de corto plazo y demandas de grupos de poder previamente acordadas o establecidas, y en lugar de ser una respuesta o previsión a una problemática que afectaría tanto positiva como negativa a la población y a estos grupos.

Existen varios y diversos problemas que van desde las interacciones de flujos de entradas y salidas (inputs y outputs) del modelo Eastoniano de sistema político, en el cual se ven reflejadas las demandas, necesidades, intereses de los actores que participan tanto exposición de ellas como la misma agenda política de las mismas.

Esto debido a la gran variedad de intereses y prioridades con las que cuenta cada actor que interactúa dentro del régimen político, que van desde cuotas clientelares, hasta las políticas, acciones y hasta inacciones que emprenden las instituciones políticas pasando por encima de la más evidente coherencia con su plataforma ideológica convirtiéndose de manera automática en el más puro pragmatismo político.

En muchas democracias es un problema recurrente y evidente especialmente en Latinoamérica, debido a que las institutos políticos en muchos de los casos no tienen una identidad ideológica definida, con lo cual no esperamos que mantengan una posición doctrinaria en muchos de los problemas públicos y con mucho más razón con la generación de políticas públicas acorde a ellos.

Y es que la definición ideológica de los partidos, organizaciones y movimientos políticos (sobre todo en Latinoamérica) no cuentan con una posición ni propuesta clara y precisa de su oferta política y por consiguiente de las acciones o políticas públicas que ejercerían acerca de los temas que interesan a la población que mantenga una coherencia entre una y otra.

Sobre todo pareciera que dentro de ellos no existiera el interés por mantener una retroalimentación constante con la población para la generación de una agenda política actualizada y vigente, debido a que su actuación se acerca más a la “Ley de Hierro de la Oligarquía” de Michels donde estos actores políticos evidencian su imposibilidad de un funcionamiento auténticamente democrático, manteniendo una élite burocrática decisional más interesada en seguir ocupando puestos directivos en sus organizaciones y espacios de representación tanto en el Gobierno como en la administración pública, que en convertir a estos entes en los receptores y acompañantes de demandas e intereses ciudadanos.

Uno de los problemas principales es el delimitar el grado de democratización de los actores políticos que intervienen dentro de un régimen político, y su espacio natural ideológico para la generación de una plataforma política más especifica, coherente y sobre todo las acciones que se emprenden para la materialización de las mismas, es decir la postulación y generación de Políticas Públicas.

En conclusión, la autoridad debe ser funcional y no definitoria dentro del sistema político sobre todo en la elaboración de las políticas públicas que respondan mas que nada a las necesidades prioritarias de la ciudadanía; ni hablar de las expectativas que a estas alturas están por los suelos.

 

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