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Apática “dueña” del Reloj

A pesar de que la plaza Independencia y el Reloj Monumental forman parte de un área protegida, propiedad de Pachuca, la “dueña”; es decir, la presidencia municipal, se desentiende de la limpieza y su mantenimiento. Su amplio espacio público, con más de 22 mil metros cuadrados, es una plancha de concreto, fría, desolada, mal alumbrada, sucia de los pisos y de los minúsculos asientos creados con tablas adosadas a las paupérrimas jardineras.

El decreto que establece que la plaza y el Reloj son propiedad municipal especifica que esa zona, sujeta a conservación, queda bajo control de la Secretaría de Obras Públicas, Desarrollo Urbano y Ecología del municipio y no podrá dársele otro destino al especificado en ese ordenamiento.

Sin embargo, en el pasado mes de diciembre se permitió la instalación de puestos de vendimia y algunas carpas de gran tamaño, sin que la autoridad municipal informara por qué se permitía la invasión de comercio ambulante en ese sitio protegido, pese a que los vendedores ya habían ocupado la plaza Constitución y tomado, incluso, las estrechas aceras.

Una muestra de la apatía de la actual administración municipal —parecida a muchas de las anteriores— es tolerar el constante deterioro del piso por permitir el acceso a vehículos pesados y no reparar los desperfectos que empeoran en poco tiempo.

La plaza carece de asientos con sombra para que la gente esté cómoda y que el reloj adquiera su antigua importancia como centro de reunión de los pachuqueños. Grupos de personas se amparan con la sombra del monumento para evitar el calor y los rayos solares.

Las imágenes son una reiteración de la constante demanda de los viandantes cotidianos: se necesitan bancas, asientos cómodos para dejar de usar los pretiles de las mal llamadas jardineras, cuyos escuálidos arbolitos nunca crecerán para brindar la sombra que reclaman los jóvenes y personas mayores que concurren a la plaza principal de la capital del estado.

La pérgola no es aprovechada en lo mínimo por las dependencias de difusión cultural, para que los transeúntes puedan admirar manifestaciones artísticas de distinta índole. Se ha dicho y sostenido que los pseudopromotores culturales son burócratas sin ganas de trabajar en esa actividad y carecen de creatividad.

Anselmo Estrada Alburquerque

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