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Balazos, no abrazos

Aquí no hubo abrazos para el delincuente, ni consideraciones, después de intentar dialogar con el presunto asaltante, las palabras no fueron lo suficientemente convincentes y simplemente fue abatido dentro de una sucursal bancaria.
De acuerdo con los protocolos de seguridad, la Policía actuó como lo marca la Ley, situación que no está a discusión.
Lo que sí extraña es que días antes, tras lo ocurrido en Culiacán, algunos políticos e incluso diputados hidalguenses aseguraban que “apoyaban totalmente” la decisión del presidente de poner en libertad a un narcotraficante que habían detenido ante la ola de violencia que desató su detención.
Es decir, que estaban totalmente de acuerdo en la decisión presidencial de soltar a un maleante, porque privilegiaban la vida de cientos de personas que literalmente habían quedado atrapadas en medio de una guerra sin cuartel, entre narcotraficantes y militares.
Pero guardadas las proporciones, en Pachuca, efectivamente se privilegió la vida de los clientes del banco, y sin miramientos dispararon contra el delincuente, que se descontroló y disparó en varias ocasiones, después de que la Policía utilizara gas lacrimógeno para sofocarlo.
El gobernador Fayad reconoció que fue correcto el actuar de la Policía, que “hizo lo que tenía que hacer” y aclaró: “Me parece que obraron como lo señala la ley, nadie puede estar por encima de la ley y si hay las condiciones, vamos a proteger de los más, sobre el interés de un delincuente”.
Por supuesto que nadie en su sano juicio cuestionaría el actuar de los oficiales en una situación que tomó por sorpresa a todos.
Incluso la población que en ese momento se encontraba cerca de la sucursal bancaria y que se llevaron tremendo susto al escuchar la balacera, comentaban aterrados que Pachuca estaba dejando de ser una ciudad segura.
Cierto es que lo ocurrido en el banco este martes debiera de ser motivo más que suficiente para guardar silencio ante las decisiones que deben de asumirse en momentos de crisis.
Lo que el presidente hizo en Culiacán a costa del honor y el prestigio de los militares no puede aprobarse así nomás a la ligera, porque a la hora de los chingadazos entonces difícilmente se puede imitar al presidente.
Entiendo que, ante la avalancha de reclamos hacia el presidente, había que arroparlo, pero como decía mi madre, cae más pronto un hablador que un cojo, así que antes de expresar un respaldo fingido o por conveniencia, más vale cerrar la boca, porque calladitos nos vemos más bonitos.
Ahora solo resta a los cuerpos de seguridad que actuaron en este momento de crisis revisen y actualicen sus protocolos de acción en situaciones como la que acabamos de pesar, uno nunca sabe en qué momento se tendrá que echar mano de estrategias de seguridad.
Y como sugerencia.
Habría que reconocer el trabajo de los policías. A veces una palmada en la espalda puede surtir un gran efecto en el ánimo de la tropa.

Palabras más, palabras menos
Y ya que hablamos de seguridad, mala noticia nos da el Inegi que, según sus datos, el robo de vehículos en Hidalgo está considerado como el tercer delito más frecuente, información que se complementa con las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistemas Nacional de Seguridad Pública, que reveló que hasta el mes de agosto se habían robado 2 mil 593 autos, lo que significa que a diario se roban 10 autos, lo que es realmente preocupante.
Lo más grave es que no solo se roban los autos de lujo, sino que ahora hasta los carros más modestos y las roñitas se llevan los pinches delincuentes.

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