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Cierto señor

Cierto señor, fanático golfista, viajó a una ciudad de playa en la que cada hotel tenía campo de golf. Llegó primero a uno que le habían recomendado sus amigos, pero desistió de registrarse en él porque las habitaciones eran carísimas: cada una costaba 5 mil dólares la noche. Se dirigió al hotel que estaba al lado, tan elegante como el otro, y se sorprendió gratamente al saber que las habitaciones ahí costaban ¡oh maravilla!-100 dólares. Se registró, pues, e inmediatamente se dirigió al campo a jugar. Pidió al encargado que le vendiera un par de pelotas. “Claro que sí, señor -le dijo el hombre, obsequioso-. Cuestan mil dólares cada una”. “¡Mil dólares! -se espantó el golfista-. ¡En el hotel de al lado las pelotas las venden a los huéspedes a un dólar!”. “Es cierto -replicó el otro-. A ellos los agarran por las habitaciones”… (No le entendí). Don Chinguetas y doña Macalota fueron de pesca en las vacaciones. Alguien llegó a buscar a don Chinguetas en su cabaña. “No está -le informó doña Macalota-. Pero vaya usted al río. Verá una caña de pescar que tiene un gusano en cada extremo. El de este lado es mi marido”. Otro de pescadores. La joven señora de voluptuoso aspecto y profusos encantos naturales charlaba con su amiga. Le contó: “Mi esposo me deja sola los fi nes de semana. Se va de pesca con sus amigotes”. Preguntó la amiga: “¿Y por lo menos pesca algo?”. “Casi nunca -replicó la bella mujer. Pero yo siempre pesco algo”. Doña Frigidia, ya se sabe, es la mujer más fría del planeta. Una vez fue a ver la película “Volcán”, y la lava se congeló en la pantalla. Cierto día su marido le aconsejó: “Mantén siempre juntas las piernas. Creo que si las abres se te prenderá un foquito, como a los refrigeradores”. Cierto junior invitó a un amigo a dar un paseo en su nuevo automóvil. Iban por una calle a 100 kilómetros por hora, y el muchacho se pasó un semáforo en rojo. “¡Ten cuidado! -exclamó asustado el amigo-. ¡El semáforo estaba en rojo, y ni siquiera lo viste!”. “Sí lo vi -respondió con toda calma el junior. Pero mi papi se pasa siempre los semáforos en rojo y nunca ha tenido un accidente”. Poco después el junior conducía a 120 kilómetros por hora en un boulevard, y se volvió a pasar en rojo otro semáforo. “¡Por Dios! -le dijo el amigo, alarmado-. Vas manejando sin ninguna precaución. Otra vez te pasaste en rojo”. “Así lo hace siempre mi papi -repitió el junior-, y nunca le ha pasado nada”. Más adelante iban por una avenida a 120 kilómetros por hora en una avenida. El junior vio el semáforo, que estaba en verde, y aplicó el freno a fondo. El auto se detuvo entre humo y chirriar de llantas. “¡¿Qué te pasa?! estalló el amigo-. ¡Todos los semáforos te los has pasado en rojo, y ahora que está en verde te detienes!”. “Tengo que hacerlo -respondió el junior-. Podría venir mi papi”. Un ministro religioso fue invitado a celebrar un ofi cio en un campo nudista. Días después un colega le preguntó: “¿No te pusiste nervioso entre tantas mujeres y hombres desnudos?”. “La verdad es que no -respondió el ministro-. Pero todo el tiempo estuve pensando dónde llevarían el dinero de la limosna”. Viene ahora un cuento de color subido. Las personas con escrúpulos morales deben saltarse hasta donde dice FIN… Tres jóvenes esposas, las tres con unas cuantas semanas de embarazo, estaban intercambiando confi dencias íntimas. Dijo la primera: “Cuando mi esposo y yo encargamos yo estaba abajo y él arriba. Eso quiere decir que voy a tener un niño”. Dijo la segunda: “Yo estaba arriba y mi marido abajo, de modo que voy a tener niña”. “¡Santo Cielo! -exclamó asustada la tercera-. ¡Entonces yo voy a tener un cachorrito!”. FIN.

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