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Cine: exhibición; mujeres

La infraestructura para la exhibición, igual que la producción, también crece pero su distribución geográfica es más que desigual. En 2017 había ya 6,633 pantallas, 438 más que en 2016. Pero su reparto a lo largo y ancho de la República es más que disímil. En Nuevo León, por ejemplo, hay una sala por cada 9,406 habitantes, en Ciudad de México una por cada 10,036 y en Quintana Roo una por cada 10,603. Pero en Zacatecas hay una por cada 61,554, en Chiapas una por cada 57,872 y en Oaxaca una por cada 46,684. Como en casi todo somos un país más que desigual.

Lo sabemos: el acceso al cine no es similar en las zonas urbanas y en las rurales, pero incluso en las urbanas hay diferencias abismales. Además, dos cadenas de cine concentran la inmensa mayoría de las pantallas y los precios de entrada han expulsado a los pobres de las salas. Buena parte del consumo de éstos se hace a través de la televisión, los DVD, Blu-ray y plataformas tanto legales como ilegales.

La exhibición alternativa merece un comentario aparte. IMCINE contabilizó en 2017 499 cineclubes, 39 más que un año antes. Es una buena noticia porque esa es la puerta de acceso, sobre todo, de miles de jóvenes a un cine distinto al “comercial”. Y no digamos los festivales. El año pasado hubo 143, 10 más que en 2016. Pero mientras en la Ciudad de México se realizaron 37, en Baja California 12 y en Guanajuato y Jalisco 10 en cada entidad; en Zacatecas, Nayarit, Coahuila, Chihuahua y Chiapas se efectuó uno en cada estado. Lo dicho, un país desigual y combinado como decía el clásico. Cuando uno ve las cifras aparece con claridad que en los últimos años se ha producido un boom de festivales: 92 llevan entre una y siete ediciones.

Ahora habla Perogrullo: el impacto de las películas también es más que diferenciado. Las hay que tienen un enorme éxito de taquilla mientras existe un número muy considerable que si fueran libros habría que decir que se encuentran inéditos. Me explico. En 2017 Hazlo como hombre metió a las salas 4.3 millones de espectadores. Cuatro films más fluctuaron entre 2 y 3 millones (3 idiotas, Me gusta pero me asusta, Cómo cortar a tu patán y Todos queremos a alguien) y uno sobrepasó el millón (El tamaño sí importa). 6 atrajeron más de 500 mil espectadores, pero en el otro extremo, 12 no fueron vistos ni por mil personas y 30 más ni por 5 mil. 88 películas mexicanas se estrenaron el año pasado, pero un número muy grande corrió (casi) en forma desapercibida. La comedia es el género con más éxito.

En 2017 concentró el 63 por ciento de los ingresos de taquilla y el 64 por ciento de los asistentes. Lo sigue la llamada comedia romántica con 21 y 20.5, respectivamente. Después de ellos, los dramas (7%), la animación (4 y 5%), suspenso (2%), terror (1%), documentales (0.6%) y acción (0.4%). Esas cifras nos hablan de los gustos de esa constelación amorfa, diferenciada y cambiante a la que por economía de lenguaje llamamos el público.

En el Anuario Estadístico 2017 del IMCINE hay mucha más información que vale la pena conocer. Se trata de puertas que se abren en muy distintas direcciones. Por ejemplo: cada vez más mujeres dirigen películas. Imagino que ello suena normal. Pero no siempre fue así. Durante largas décadas la dirección de cine fue una actividad de hombres. En 2017, 42 películas fueron dirigidas por mujeres. Y el crecimiento es continuo: 2008: 5, 2009:7, 2010:15; 2011:18; 2012:23, 2013:22, 2014:25, 2015:34, y 2016:37. Y algo similar sucede con guionistas y productoras.

Las guionistas pasaron de 2016 a 2017 de 34 a 48 y las productoras en esos mismos años de 49 a 74. En materia de equidad de género falta mucho por hacer, pero es quizá también en donde pueden detectarse avances más sólidos y que (creo y quiero) parecen irreversibles. No es un fenómeno exclusivo del cine, ello sucede en casi todas las actividades.

El porcentaje de senadoras pasó de 12.5 en 1994 al 32.8 en 2012, y el de diputadas federales en el mismo lapso de 15 a 42.6 (Freidenberg, Flavia. La representación política de las mujeres en México. INE. UNAM. 2017). Y algo similar se puede observar en la matrícula universitaria o en el número de funcionarias públicas. Se trata quizá del movimiento social más exitoso de las últimas décadas.

Si no me aburro, habrá otra entrega.

José Woldenberg Karakowsky

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