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Nos vemos a la salida

Cuando un video en redes sociales dio cuenta exacta de la realidad de violencia y agresión en las escuelas de educación básica, la condena generalizada no se hizo esperar.
Hubo de todo, desde aquellos que con razón alertaban de la falta de valores dentro del hogar y que se refleja en la conducta de los jóvenes, hasta los que en las mismas redes cuestionaban que la joven agredida no respondiera
No faltó quien dijera que es una expresión del proceso de desarrollo, que están en etapa de formación y por lo tanto debe tomarse con cierta mesura sus manifestaciones de descontento que se traducen en actos violentos.
Y sin afán de parecer moralista, lo que vimos en el video donde dos estudiantes cachetean y jalan del cabello a otra niña que poco hace por defenderse, es el resultado de varios factores que tienen que ver con lo que ocurre en el hogar, el trato de los padres hacia estas niñas, porque aún son unas niñas, hasta el entorno en el que se desenvuelven, los compañeros y quizá hasta la falta de control de la escuela.
Ante el ataque salvaje de estas adolescentes hacia su compañera, no hay argumentos que puedan explicar qué estaba pasando por la cabeza de las estudiantes, lo que sí se aprecia es un odio desmesurado y una saña poco usual que sólo se ve en las series de televisivas y que evidencian la penetración en las mentes juveniles de conductas similares a las delincuenciales.
Por esta agresión las autoridades rápidamente tomaron cartas en el asunto y como primera medida retiraron a las agresoras del plantel para enviarlas a otro y recomendaron que tuvieran asistencia psicológica tanto las jóvenes que golpearon, como la niña maltratada y el tratamiento se extiende a los padres de familia.
Y si bien es de reconocer la celeridad y oportunidad en la actuación de las autoridades, también en cierto que se debe realizar una investigación profunda de lo que está ocurriendo entre los jóvenes antes de que se llegue a situaciones incontrolables, o algún episodio más desagradable.
Sin embargo hay un problema subyacente que es la falta de principios y de valores fundamentales en la familia y lo más grave, la falta de disciplina y orden que los padres de familia han dejado como una obligación de la escuela.
Falta firmeza de los padres a la hora de la aplicación de reglas y normas esenciales para la convivencia y ahí están las consecuencias.
La violencia que vimos en el video es una llamada de atención que debe alertarnos a todos para que dejemos de hacernos güeyes a la hora de asumir la responsabilidad que nos toca, porque coincido con la secretaria de Educación cuando afirma que estas conductas no se resuelven expulsando del sistema a las agresoras, lo que se necesita es tomar el toro por los cuernos y entrarle todos, padres de familia, maestros, autoridades para que no vuelva a ocurrir.
Y también debe haber correctivos para las jóvenes que grabaron los videos, porque no se explica que no hayan hecho nada para detener la madriza que le estaban propinando a su compañera.
Es increíble el grado de indiferencia ante la desgracia de los demás y la ligereza con que se privilegia el hecho de grabar todo lo que ocurra para subirlo de inmediato a las redes, aunque esto demuestre lo cobardes que somos.
Estos ejemplos tan desagradables no deben quedar en el anecdotario, ni es una serie de buenas intenciones de las autoridades.
Ya basta de tibios remedios que sólo dejan claro que aunque se estén medio matando y haya evidencia en redes que luego se hace viral, las sanciones sean tan débiles que dejen claro que cualquiera puede hacerlo sin que le ocurra nada.

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