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Código rojo en el valle

Un convoy formado por 15 camionetas pick up irrumpió el jueves pasado en el poblado Morelos La Atravesada, de Empalme, Sonora. Según relataron algunos testigos más adelante, al vehículo que iba al frente de la caravana le habían instalado en el techo un fusil Barret.

A las 4 de la mañana se informó por radio: “Hay código rojo en el valle”. Un grupo de reporteros se trasladó a la zona agrícola de Guaymas y Empalme. A las puertas de un domicilio, los periodistas tropezaron con una escena desgarradora. En el suelo había un cadáver cubierto con una colcha (era un joven de 22 años de edad). Una familia entera lloraba, sentada en la banqueta.

Esa madrugada, los sicarios se introdujeron en el pueblo, gritando: “¡Pura Gente Nueva! ¡Arriba la Gente Nueva!”. Tiraron una puerta a patadas, sacaron al joven aquel y lo ejecutaron a mitad de la calle.

“Eran 15 camionetas —relata el reportero René Rodríguez, de FM105—. Los sicarios recorrieron La Atravesada sin que nadie los detuviera, acribillaron varias casas, y luego le prendieron fuego a un domicilio”.

El ambiente en La Atravesada era de pánico. Con una cadena amarrada a la defensa de una pick up, los agresores echaron abajo una reja, entraron armados a buscar a alguien, pero dentro de la casa solo hallaron un hombre mayor. “¡Ese no es! —les oyeron gritar— ¡Aquí no es! ¡Vámonos!”.

Cuando los periodistas salieron del poblado, casi dos horas después de los hechos, relata el periodista René Rodríguez, “no había ninguna autoridad, y la familia seguía llorando en la banqueta”. Los periodistas supieron que antes de llegar a La Atravesada, el convoy había pasado por el ejido Francisco Márquez, perteneciente al municipio de Guaymas. “En ese ejido rafaguearon la comandancia de la municipal y prendieron fuego a otras dos viviendas”, narra el reportero Rodríguez.

Los periodistas se encaminaron hacia el ejido. En el trayecto se cruzaron con ocho camionetas de la Marina, que pasaron como bólidos. En una de las calles de tierra de la población encontraron “otro hombre tapado”. Los sicarios lo habían asesinado en la calle.

Vecinos informaron que los sicarios se llevaron en una camioneta al “encargado” (de la venta de droga en el pueblo): por las palabras que cruzaron esa madrugada, se entendió que andaban buscando “a unos que tenían pendientes” (es decir, que debían algo: dinero, droga o una muerte).

Nadie detuvo el recorrido del convoy. Una versión periodística indica que antes de entrar a “La Atravesada” los sicarios dispararon sobre un grupo de elementos de la Guardia Nacional. En todo caso, los criminales recorrieron ambas poblaciones impunemente.

Diario19 informó que después de los hechos se estableció en Guaymas y Empalme un toque de queda ciudadano, y que las clases en escuelas de nivel básico y superior quedaron suspendidas. “Mantengamos a las familias resguardadas, en tanto pasa esta situación”, recomendó el jefe de Protección Civil en Empalme.

En solo cinco de días de junio, se cometieron 28 asesinatos en Sonora. A finales de ese mes, la alcaldesa de Guaymas llamó a no salir a la calle y a “evitar los espacios públicos”. Un grupo armado acababa de emboscar a policías que se habían estacionado en una gasolinera (un agente muerto y tres heridos).

En agosto, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Alfonso Durazo, anunció que los mandos policiacos de cinco municipios (Hermosillo, Cajeme, Guaymas, Empalme y Navojoa) serían remplazados por militares de alto rango, extraídos de la Sedena y la Marina. Semanas más tarde (4 de septiembre) la SSPC anunció un plan piloto en Guaymas y Empalme: marinos remplazarían temporalmente a policías que no aprobaran los controles de confianza.

Diez días más tarde, un grupo de sicarios incendió un domicilio en Empalme. Adentro había dos niños que sufrieron quemaduras en 70 por ciento. Hasta la fecha no hay detenidos: ni siquiera datos sobre los responsables.

Un mes más tarde 15 camionetas atraviesan los pueblos de dos municipios incendiando, acribillando, ejecutando: sembrando el pánico en los paisajes de una guerra, que sostienen tres grupos criminales (Los Salazar, el CJNG y el Cártel de Sinaloa), y que nadie, hasta el momento, sabe cómo detener.

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