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Diez datos de alarma para el diagnóstico oportuno de cáncer infantil

Muchas ocasiones escuchamos que el cáncer se puede prevenir, sin embargo, en pediatría esto es pocas veces posible, más bien se habla de detección oportuna, la cual tiene como objetivo tratar el cáncer en el estado inicial, cuando sus síntomas son apenas percibidos por el paciente, con lo cual aumenta el porcentaje de curación.
“La mayoría de los cánceres susceptibles de diagnóstico oportuno pueden ser sospechados mediante exploración física, pero la confirmación diagnóstica obligará a practicar pruebas analíticas y exámenes radiológicos que deben ser interpretados por especialistas”, así lo informó en exclusiva el dr. Eduardo Jorge Baños Rodríguez, pediatra, oncólogo y profesor adjunto del Curso de Subespecialidad de Oncología Pediátrica de la UNAM en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre del Issste.
Baños Rodríguez, médico cirujano por la Universidad La Salle, consideró diez principales datos de cáncer en pediatría son:
1.- Fiebre. Todo niño con fiebre prolongada (más de 7 días) debe ser referido a un hospital para estudios complementarios y para aclarar la causa de la fiebre. En el niño con cáncer, la fiebre habitualmente se asocia con otros síntomas como dolor óseo, pérdida de peso y palidez.
2.- ¿Ha tenido el niño dolor de cabeza (cefalea) recientemente? Ante la presencia de cefalea continua persistente e incapacitante, que despierta al niño durante la noche o se presenta al despertar y se acompaña de vómito, hay que descartar hipertensión endocraneana secundaria a un tumor cerebral. Cuando la cefalea se acompaña de otros signos como vómito, visión doble, estrabismo, ataxia o alguna otra alteración neurológica, la probabilidad de un tumor cerebral es muy alta.
3.- Dolor óseo. El dolor de los tumores óseos no guarda relación con la intensidad de un posible traumatismo y no desaparece con el tiempo, sino que va aumentando progresivamente, es incapacitante y se acompaña de claudicación. El dolor óseo es también uno de los síntomas iniciales de leucemia; se puede presentar como un dolor errático, intermitente y poco definido.
4.- Equimosis, petequias o manifestaciones de sangrado. La presencia de moretes o petequias (pequeñas manchas rojizas y redondas) que usualmente no tienen relación con trauma o son demasiado grandes para un trauma trivial; manifestaciones de sangrado como epistaxis (hemorragia o sangrado nasal), gingivorragia (hemorragia espontánea que se produce en las encías), sangrado por aparato digestivo o sangrado urogenital puede estar en relación con el cáncer.
5.- Palidez palmar o conjuntival severa. Un signo de anemia es la palidez extrema de la piel; dada la alta mortalidad asociada a la anemia severa y a las enfermedades que la causan, los signos clínicos para detectarla y consecuentemente referir al paciente a un centro especializado, deben ser tan sensibles y específicos como sea posible.
6.- Examinar los ojos del niño y determinar si existe alguna anormalidad. Es indispensable examinar los ojos del niño en busca del reflejo rojo de fondo normal; si en su lugar se observa leucocoria (pupila blanca), la principal sospecha es un retinoblastoma (cáncer ocular que comienza en la parte posterior de la retina). El estrabismo adquirido, puede ser el primer signo de un tumor cerebral. Otros cambios tardíos que se deben buscar son: heterocromía, proptosis o aumento de volumen.
7.- Palpar cuello, axilas e ingle en busca de linfadenopatías (inflamación de los ganglios linfáticos o glándulas). 20% de las adenopatías son de origen neoplásico. Los signos que hacen sospechar malignidad son: unilateralidad, tamaño mayor de 2.5 cm, ausencia de características inflamatorias, consistencia dura y firme, ubicación posterior o sobre el esternocleidomastoideo región supraclavicular, progresión o ausencia de regresión en un plazo de 4 semanas, adherencia a planos profundos. Todo tumor ganglionar sospechoso de malignidad debe ser examinada por personal calificado.
8.- Buscar signos neurológicos focales agudos o progresivos. El examen neurológico puede revelar debilidad de un miembro o de los miembros de un lado del cuerpo, asimetrías en la cara como parálisis y desviación de la boca y ojos, que es la manifestación de alteraciones de los pares craneales debido al efecto masa de distintos tumores. También pueden observarse cambios del estado de conciencia, cambios del comportamiento, confusión, trastornos de la coordinación, equilibrio y marcha. Cuando se presenta en forma aguda o subaguda, debe plantearse la posibilidad de un tumor cerebral, especialmente si se combina con síntomas de hipertensión endocraneana.
9.- Palpar abdomen y pelvis en busca de masas. Las masas tumorales malignas son duras, de consistencia firme y, según el órgano comprometido, se localizan en flanco (tumores renales), en hipocondrio derecho (tumores del hígado) y en hipogastrio (tumores de vejiga u ovarios). Cualquier masa que se palpe en el abdomen debe ser considerada maligna hasta que se pruebe lo contrario; el médico que la detecte debe referir sin demora al paciente a un centro especializado.
10.- Observar, palpar y determinar si existe masa o aumento de volumen en cualquier región del cuerpo. Todo aumento de volumen de cualquier órgano, o en cualquier región del cuerpo, sin características inflamatorias es sospechoso de cáncer y por lo tanto debe investigarse. En los niños, los tumores testiculares se manifiestan como aumento de volumen progresivo, lento e indoloro, sin signos inflamatorios, consistencia aumentada y transiluminación negativa.
Por tal motivo, con la finalidad de reducir la duración de los síntomas y la referencia oportuna de los pacientes en el servicio de oncología pediátrica, se realizó un folleto informativo sobre síntomas y signos de cáncer infantil dirigido a padres de familia, así como la capacitación de médicos de primer contacto sobre los principales signos y síntomas del cáncer infantil.

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