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De todo y sin medida

Vamos a ver si entiendo. Es probable que no. El aparato intestinal tiene marcados problemas para digerir lo que está sucediendo.

1. La fragmentación política está ahí. Es una realidad del tamaño de una Catedral. Lejos estamos del sistema de partido hegemónico; y también parece que quedó en el pasado el tripartidismo que impulsó y emergió de la transición democrática. En esa última época siempre existieron otras formaciones políticas, pero lo fundamental fue procesado por el PRI, PAN y PRD. La escisión en la izquierda y la fundación de Morena, la caída relativa de la votación por el PRI y el PAN, la emergencia regional de algunos partidos nacionales y las candidaturas independientes han dividido mucho más el espectro de las fuerzas competidoras. Todas y cada una de ellas sabe que solas no pueden ganar. De ahí la forja de coaliciones. Tenemos tres, cada una de 3 partidos. El nombre del juego, en ese primer movimiento, es sumar.

2. Para ello fue necesario reblandecer los planteamientos, los programas, incluso las señas de identidad ya que lo importante, lo estratégico, era generar adhesiones. Visto desde cierta perspectiva, ello nos ilustra que quedaron atrás los partidos marcadamente ideológicos, encerrados en sí mismos, autoproclamados como poseedores de la verdad, la virtud y/o el código del futuro. Todos son capaces de abrirse a los otros, de asimilarlos, conjugarlos, en una palabra, sumarlos. Es la cara virtuosa.

3. La otra cara es que parece que en nuestra noche “todos los gatos son pardos”. Dado que las corrientes de pensamiento y los referentes ideológicos han sido reemplazados por idearios eclécticos elementales, cada quien ve lo que quiere ver, cada quien le atribuye cualidades o defectos a las distintas coaliciones, porque para sumar los partidos generaron una nebulosa de ideas, de nociones, de jingles y de personajes buenos para todo y nada. Los partidos son eficientes plataformas de lanzamiento electoral pero difícilmente pueden ordenar y ofrecer sentido al debate público. Se vuelve invisible e inasible lo que está en disputa, salvo los nombres de las personas que quieren ocupar cargos públicos.

4. No es casual entonces que en el centro de la atención se encuentren los candidatos presidenciales. No solo por la relevancia del cargo, que resulta innegable, sino porque los votantes al no poder emparentarse con plataformas políticas acaban identificándose con individuos en torno a los cuales se han forjado constelaciones amplias, amorfas, pragmáticas, oportunistas. Son los candidatos, sobre todo los presidenciales, los que cohesionan, unen, ofrecen sentido. Los circuitos de deliberación de los partidos parecen taponados si no es que son inexistentes, y la “Verdad” es revelada por el líder que encabeza y sirve de argamasa a la coalición. No son colectivos deliberantes sino constelaciones verticales que generan jefes indiscutidos y súbditos.

5. ¡Vamos, una dosis de pragmatismo a nadie le hace mal! Es quizá una de las condiciones para que la diversidad política pueda coexistir, máxime cuando ninguna formación partidista, por sí misma, puede aspirar a ganar la mayoría de adhesiones ciudadanas. Pero al relajarse, hasta casi desaparecer, los filtros políticos e ideológicos (por no hablar de los éticos, que hoy resuenan como asunto del pasado remoto), parecería que todo se vale.

6. Vivimos una temporada extraña, llena de sorpresas. Plagada de realineamientos, de tránsitos de un partido a otro, de resucitados que no estaban muertos sino que andaban de parranda, de mutaciones súbitas. A diferencia del anuncio aquel que llamaba a la moderación: “todo con medida”, ahora la consigna parecería ser “todo sin medida”. Lo cual deja un gusto salobre.

7. “Yo he rodado de acá para allá/ fui de todo y sin medida”, dice aquella tonadilla de José José que parece recrear los afanes de no pocos políticos. Escuchen: “¿Qué al fin te lo han contado, no?/ Bueno, ya conoces mis defectos/ Si anduve con éste y con aquel/ con ésta y con aquella, con esto y con aquello” (algún día me explican que es andar “con esto y con aquello”). No obstante, la propia canción encendía una alerta: “Seguro que te han dicho: ten cuidado/ que un hombre que ha sido como yo/ acaba por volver a su pasado”.

8. Al final, el nombre del juego es pragmatismo ramplón.

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