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Los primeros años del Instituto Literario -tercera de cuatro partes-

No obstante el anuncio sobre la apertura de las carreras para médicos, abogados, escribanos (notarías), ingenieros topógrafos, de minas y ensayadores de metales, fue hasta 1879, con el reconocimiento que hizo de ellas la Ley de Instrucción Pública en el Estado, cuando se iniciaron en el instituto; no obstante, de conformidad con las atribuciones otorgadas al plantel desde su creación, se pudieron practicar exámenes profesionales para quienes lograran el reconocimiento de sus estudios o prácticas privadas. Tal es el caso de Ángel Casasola y Cortés, quien fue examinado el  4 de mayo de 1870 tras obtener el reconocimiento a sus estudios de parte del Congreso del estado. De conformidad con lo dispuesto en la ley, todavía del Estado de México, el sustentante realizó dos exámenes, uno ante el Tribunal Superior de Justicia y otro ante los sinodales designados por el instituto, cada uno con duración de tres horas.

De esta manera obtuvieron su título 20 abogados más. El primero en recibirse, después de haber cursado todos sus estudios en el instituto, fue José Asían, quien se examinó el 20 de enero de 1883. Por la misma vía de revalidación de estudios ante la Legislatura, obtuvo su título como escribano el señor Pedro Gil en el año 1874 y en los años subsecuentes 5 escribanos más, pues el primero en cursar esta carrera completa fue Ricardo Pérez Tagle.

Por lo que se refiere a la carrera de Ingeniería de Minas, que incluía las de  topógrafo y ensayador y beneficiador de minerales, es conveniente recordar que esta carrera existió en Pachuca desde 1861, aunque fue suprimida durante el Imperio de Maximiliano, por lo que su reapertura representó todo un éxito para el instituto, en razón de que a ella llegaron alumnos de diferentes estados de la república, como Baltasar Muñoz Lumbier, procedente de Chihuahua, que fue el segundo en titularse y el primer exalumno de esta carrera que llegó a ser director del plantel, además de ser uno de sus más ilustres profesores. El primer profesionista recibido en esta carrera fue Manuel Gameros, quien revalidó estudios y obtuvo su título en el año de 1879. En la de ensayadores, Joaquín González se tituló en el año de 1880 y en la de topógrafos, Manuel R. Veytia, cuyo examen se efectuó en el año de 1881.

Por lo que se refiere a la carrera de Medicina, a pesar de las buenas intenciones, no pudo abrirse por falta de alumnos. No obstante, se consigna la realización de dos exámenes profesionales por la vía del reconocimiento de estudios, el de Enrique L. Abogado en 1880 y el de Enrique Carrera en 1883.

Finalmente, en lo referente a la preparación de profesores de educación primaria, mediante el reconocimiento de estudios, pudieron obtener su título un nutrido número de mentores y mentoras; la primera, en 1870, fue la maestra Isadora D. García; en este rubro figura en el quinto sitio el que fuera uno de nuestros más ilustres historiadores, don Teodomiro Manzano Campero, a quien le fue otorgado su título en 1882.

A partir de 1890, dio inicio la paulatina desaparición, primero de la Escuela de Artes y Oficios, en ese mismo año la de Jurisprudencia y, ya iniciado el siglo 20, se suprimieron las de Ingeniero de Minas, Topógrafo, Hidrógrafo y Ensayador de Metales, con lo que el plantel quedó reducido a los estudios de secundaria y bachillerato; incluso en 1914, el plantel cambió su nombre por el de Escuela Preparatoria.

El 21 de diciembre de 1921, se aprobó la Ley que Estableció la Universidad del Estado de Hidalgo, integrada con las escuelas Preparatoria, Normal de Profesores; la de Comercio;  de Enfermería y Farmacéutica; la de Artes y Oficios, la de Jurisprudencia y la de Ingenieros. Este proyecto fracasó por falta de alumnos pero ante todo de presupuesto, de modo que en marzo de 1925, abrió sus puertas con un esquema distinto, el Instituto Científico Literario, que alcanzó pronto fama en el ámbito educativo nacional.

Para 1944, al celebrarse el 75 aniversario de su apertura, el plantel abrió tras firmar convenio con la Universidad Nacional Autónoma de México, la carrera de Medicina y efímeramente la de Derecho –que solo duró un año– solo los dos primeros ciclos, ya que el resto se continuarían en la Ciudad de México en la máxima casa de estudios del país.

El paso más trascendente en la vida del instituto se dio el primero de abril de 1948 al promulgarse el decreto que aprobó el otorgamiento de autonomía académica y de gestión, al que se denominaría a partir de entonces Instituto Científico Literario Autónomo del Estado  –el famoso ICLA–, constituido por las escuelas Preparatoria, de Medicina, de Enfermería y Obstetricia, y las incorporadas y dependientes que se crearan en el futuro, de acuerdo a las necesidades y posibilidades del plantel. Así, en 1952 abrió definitivamente sus puertas la Escuela de Derecho y Ciencias Sociales, en una casa ubicada en la calle de Arista a un lado del templo de San Francisco y en 1959 hizo lo propio la Escuela de Trabajo Social.

Así finaliza esta etapa quijotesca en la historia del instituto, que abarcó 92 de los 150 años que se cumplirán el próximo 3 de marzo. El esfuerzo final para transformar al plantel ya autónomo en universidad fue realmente titánico y trascendente, pero ante todo respaldado por el intenso trabajo de cientos de generaciones de estudiantes y profesores.

La fotografía que ilustra este artículo corresponde al edificio del instituto en 1944, cuando estaba militarizado –a consecuencia de la participación de México en la Segunda Guerra Mundial–, por ello puede verse a los alumnos usando quepí militar.

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