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Trofeos históricos, menospreciados

El monumento alpadre Hidalgo, los portales, el antiguo palacio de gobierno y las Cajas Reales forman parte de los pocos trofeos históricos de la capital del estado asentados en la que fue la plaza Real o plaza mayor de Pachuca, actual plaza Constitución.

Esos monumentos, a pesar de su gran valor arquitectónico, han sido y son menospreciados por las autoridades estatales, municipales incluso federales, no obstante el paulatino y lamentable deterioro del altar al padre de la Patria y el abandono de la casa de gobierno, construidos en la octava década del siglo 19.

Asimismo, las Cajas Reales que debiera ser patrimonio de la ciudad, está en poder del enriquecido propietario de la antigua Compañía Real del Monte y Pachuca, Alonso Ancira, beneficiario de otros predios de tradición por ilegales transacciones realizadas por el gobernador Guillermo Rossell, en 1986.

Esos sitios históricos conservan cada uno su propia historia. El monumento a Hidalgo, levantado en la plaza Constitución, de inigualable factura atribuida a escultores realmontenses, fue inaugurado en 1888 a instancias de uno de los tres gobernadores Cravioto, amos del poder ejecutivo durante 20 años.

ULTRAJE A LA TRAZA LEGENDARIA DE LA CIUDAD

Desde hace 60 años en que se comenzó a advertir el lento deterioro de la cantera, de las placas de mármol en las cuatro caras laterales; de las águilas y los perfiles de los héroes sacrificados en 1811, en ese periodo tres generaciones de pachuqueños no han visto intentos serios de obras de preservación y conservación del monumento, por parte de alguno de los 18 presidentes municipales, desde Humberto Velasco Avilés (1961-1964) hasta Eleazar García (2012-2015), y en el año y medio de la actual administración panista de Yolanda Tellería.

VANDALISMO IMPUNE

En 2015, individuos desconocidos destrozaron una placa, adornada con una guirnalda de bronce, dedicada en septiembre de 1910 “Al precursor de la Independencia por los residentes franceses, italianos y suizos”, placa adherida en la base de la cara lateral oriental, acción vandálica, que merece sanciones severas del fuero federal por daños al patrimonio nacional, sin que se supiera la actuación del delegado del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), José Arias.

EL DESDÉN OFICIAL AL PALACIO DE GOBIERNO

Al igual que el monumento al cura Hidalgo, un gobernador Cravioto construyó el palacio de gobierno en la plaza Constitución en la década de 1880, donde despacharon una decena de subsiguientes mandatarios.

Después del cambio de la residencia del poder ejecutivo a la Casa Rule, el viejo edifico albergó a la Cámara de Diputados, en la planta alta. El ala derecha de la planta baja fue ocupada por la biblioteca pública de Pachuca, dirigida en la década 1940-1950 por el señor Marciano Meneses.

En 1970 se asentaron allí las oficinas de la presidencia municipal. En 1985, el gobernador Guillermo Rossell cedió el legendario palacio a la Compañía Real del Monte (Cía. R.D.M.).
Varios años después, el Instituto Mexicano del Seguro Social embargó la casona a la Cía. RDM por adeudo multimillonario por concepto de cuotas. Posteriormente hubo movimientos burocráticos que beneficiaron al gobierno del Estado como propietario del inmueble. A lo largo de una década permanece sin ningún uso.

Hay voces dirigidas al gobernador Omar Fayad para que en esa antigua sede funcione una biblioteca pública.

ALONSO ANCIRA, TENEDOR DE LAS CAJAS REALES


La fortaleza de Las Cajas Reales es uno de los pocos edificios construidos en Pachuca en la era colonial que permanece en pie. El arquitecto José Joaquín de Torres realizó el diseño en 1773 por encargo del virrey Antonio de Toledo, con el propósito de alojar al alcalde mayor y guardar los tesoros destinados al reino de España.

En distintas épocas, las amplias instalaciones de Las Cajas Reales han amparado oficinas de varias empresas mineras: la española del conde de Regla hasta 1824; la inglesa, inclusive a 1848; la mexicana, de 1850 a 1904; la estadunidense, de 1904 a 1947; la paraestatal, de 1947 a 1987, y la privada del magnate norteño Alonso Ancira, a la fecha, como mera joya colonial, sin utilidad pública alguna. Permanece como elefante blanco.

Sin dudas al respecto, el grupo empresarial que capitanea Alonso Ancira es depositario de Las Cajas Reales, pero no legítimo dueño. El verdadero dueño es el Estado, la ciudad de Pachuca.
Por ese motivo, la fortaleza colonial debería ser declarada patrimonio cultural arquitectónico de la capital del estado de Hidalgo, así como el antiquísimo palacio de gobierno de la plaza Constitución para utilizarlos en actividades culturales, de lo que se carece en el Centro Histórico.

Cabe esperar reacciones favorables del delegado del INAH en Hidalgo en relación con el desastroso estado del monumento al padre Hidalgo, del abandono exterior del antiguo palacio de gobierno y de la joya colonial Las Cajas Reales.

Otro tanto pudiera tener el secretario de Cultura del gobierno estatal, profesor Olaf Hernández, en virtud de que los habitantes de la vieja traza de Pachuca requieren servicios bibliotecarios y locales amplios para la difusión cultural.

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