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El dúo de Hacienda, al rescate de la 4T

Arturo Herrera y Gabriel Yorio son los nuevos tecnócratas del gobierno. «Técnicos de los buenos», diría Andrés Manuel López Obrador. Ambos tienen mucho de neoliberales porque trabajaron para el Banco Mundial, pero también hablan el lenguaje del Presidente: el de la política económica con enfoque social.

«El crecimiento (económico) tiene que ser incluyente, debe beneficiar a todos los grupos sociales y a todas las regiones del país», me dijo Herrera el día siguiente de su designación como nuevo secretario de Hacienda, tras la intempestiva renuncia de Carlos Urzúa. Urzúa y Herrera apuntaban a ser el yin-yang de Hacienda: dos funcionarios con visiones un tanto distintas, pero complementarias para lograr el objetivo de encaminar la economía hacia un mayor crecimiento y una mejor distribución de la riqueza.

Urzúa, sin embargo, no soportó los desplantes del Presidente ni el hecho de que quisiera presentar el Plan Nacional de Desarrollo en términos ideológicos, en lugar de técnicos. «Era un manifiesto político», escribió en estas páginas de EL UNIVERSAL el exsecretario. ¿Qué piensa su sucesor, Arturo Herrera, de esto? Que el Plan estaba redactado en un formato tecnocrático y que el Presidente lo visualizaba como un instrumento para comunicar a los mexicanos hacia dónde se dirige el país.

Urzúa fue profesor de Herrera y de Yorio en el Colegio de México, pero no son contemporáneos. Urzúa, de casi 65 años, tiene la mecha corta y explota fácilmente. Su estilo de comunicación es cerrado, lo cual chocaba con la exposición a la que está sujeto un secretario de Hacienda; también era conocida su aversión a los medios y los reflectores. Su pasión siempre fue la academia, de donde López Obrador lo sacó casi a fuerza para integrarse a la Cuarta Transformación.

El verdadero dúo dinámico de Hacienda lo conforman Herrera y Yorio, quienes sí son de la edad y comparten ideologías y visiones económicas. Antes de ser nombrado subsecretario de Hacienda, Yorio se desempeñaba como titular de la Unidad de Crédito Público, encargado de captar recursos en los mercados de dinero y de capitales según las condiciones financieras de México y de los mercados financieros internacionales. Él, por ejemplo, se encargaba de hacer las gestiones para mantener la línea de crédito flexible del (‘neoliberal’ y ‘poco confiable’, AMLO dixit) Fondo Monetario Internacional por 74 mil millones de dólares, uno de nuestros ‘chalecos antibalas’ (Arturo Herrera dixit) frente a una eventual crisis económica.

Herrera y Yorio también trabajaron juntos durante el gobierno de López Obrador en la Ciudad de México, cuando el primero fue secretario de Finanzas y el segundo director de Deuda Pública. Ahora tienen el gran reto de ‘rescatar’ la economía del brete en el que la puso la 4T con sus programas de austeridad y recortes al gasto, pero sobre todo por las decisiones de cancelar proyectos como el del aeropuerto de Texcoco y cambiar contratos con empresas privadas o emplazarlas a renegociarlos por la buena o por la mala. También por la obsesión de invertir en una nueva refinería. Todo esto generó una espiral negativa para la inversión pública, la confianza de los inversionistas y la generación de nuevos empleos.

El Plan de Negocios de Pemex dejó un mal sabor de boca a los inversionistas y a las calificadoras, por lo que se puede esperar un nuevo recorte a la nota de deuda de la empresa productiva del Estado y muy probablemente a la de México. Antes de que esto suceda y de que las cosas se descompongan más antes de mejorarse, el lunes Herrera y Yorio se convirtieron en bomberos de la 4T y anunciaron un paquete de 486 mil millones de pesos para reactivar la economía en el último cuatrimestre del año. Una cifra muy similar a los 500 mil millones que prometió el Presidente que se ahorrarían con el combate a la corrupción.

«El paquete es de casi 1% del PIB, esperamos que genere impactos en los siguientes tres trimestres», me dijo ayer el subsecretario de Hacienda. «Queremos dar a las empresas y personas más claridad y certidumbre sobre lo que va a suceder el resto del año y en 2020».

Y de eso se trata, de generar confianza no sólo a los empresarios, sino a los ciudadanos de que el gobierno no seguirá dando bandazos con muchas de sus políticas públicas y proyectos.

Ayer por la noche, en su informe de finanzas públicas del segundo trimestre, la Secretaría de Hacienda reconoció un subejercicio en el gasto y una menor expectativa de crecimiento.

Y hoy el Inegi confirmará lo dicho: que la economía habría decrecido en el segundo trimestre de 2019, evocando una recesión técnica. Sí, aunque los «nostálgicos del neoliberalismo», «los obsecados» que «se excitan» con esa palabra hayan tenido razón.

 

Twitter: @MarioMal

Correo: mario.maldonado.padilla@gmail.com

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