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El galán y su dulcinea

El galán y su dulcinea están en la habitación 210 del popular Motel Kamagua. Ha terminado el trance erótico y ella siente una urgencia natural que la invita a ir al baño. Le dice a su compañero: «Un segundo, por favor». Responde él con voz feble: «Espera a que me reponga del primero». Himenia Camafría, madura señorita soltera, hacía un viaje en tren. Frente a ella iba un atildado señor también de bastantes calendarios, pero gallardo todavía y vestido con elegancia que daba a ver que a más del don tenía también el din. La señorita Himenia,  aunque era portaestandarte de la Cofradía de la Reverberación, habría preferido desvestir a ese señor antes que vestir a todo el santoral. Se propuso entonces ejercitar con él su artes seductivas. Le dijo: «Caballero: creo que me cayó en el ojo un carboncillo proveniente del humo del tren. ¿Sería usted tan amable de revisármelo?». Contestó el tal caballero: «Todas las ventanillas van cerradas, y además este tren es eléctrico». Replicó la señorita Himenia: «Entonces lo que me cayó fue un volt». La araña macho bajó por uno de sus hilos y acertó a posarse en la mesilla donde la señora de la casa había dejado sus pestañas postizas. Se acercó a ellas y les preguntó en tono donjuanesco: «¿Por qué tan solas, guapas?». Hay quienes aseguran que López Obrador no tiene marcha atrás; que si una idea se le mete en la cabeza no habrá poder humano que pueda sacársela de ahí. Diversos testimonios de personas que con él han tratado indican lo contrario. Me dicen que sabe oír razones; que si se le demuestra que está en error no tiene inconveniente en corregirlo. Desde luego hay un argumento Aquiles para echar abajo esa opinión favorable a AMLO. (En Lógica un argumento Aquiles -el nombre corresponde al del poderoso héroe de La Ilíada- es aquél cuya fuerza es tanta que no se puede rebatir). Todas las evidencias muestran que la personalísima y arbitraria decisión de López Obrador de cancelar la construcción del aeropuerto de Texcoco es un tremendo yerro, una equivocación mayúscula desde el punto de vista de las operaciones aeronáuticas, eso sin considerar el costo estratosférico que significa hacer esa cancelación. Expertos nacionales e internacionales han aportado pruebas irrebatibles en el sentido de que convertir en civil el aeropuerto militar de Santa Lucía entraña inconvenientes y riesgos de todo orden. Y sin embargo AMLO dijo ya: «Me canso ganso», palabras con que pone su real sello para dar por terminada una cuestión. Se han hecho ya cuantiosos pagos a fin de indemnizar a quienes han resentido daños y perjuicios por el ucase del señor. Yo sigo preguntándome, iluso e ingenuo como soy, si no será tiempo todavía de que alguna potencia celestial -o terrenal- obre un milagro en Obrador y lo haga reconsiderar el imperial imperativo que lo llevó a detener lo que iba ya muy avanzado. ¿Supina candidez la mía? Puede ser. Pero mayores milagros he visto a lo largo de mi vida, el principal de ellos el hecho de que México siga sobreviviendo a pesar de los políticos. La esposa de don Inepcio lo llevó a ver una película porno («Colegialas calientes», se llamaba). Al entrar le dijo: «Prométeme que pondrás atención, a ver si aprendes algo». Un empresario estaba en su casa y alguien llamó a la puerta. Preguntó el señor: «¿Quién es?». Respondió una voz: «Una limosna». Pidió con doliente voz el empresario: «Por favor pásemela por abajo de la puerta». Doña Frigidia le confió a una amiga: «Cuando mi esposo llega al orgasmo grita mucho, y eso me molesta». «¿Por qué?» -quiso saber la amiga. Explicó doña Frigidia: «Porque con sus gritos me despierta».  FIN.

MIRADOR.

Por Armando FUENTES AGUIRRE.

Un día se reunieron los pecados capitales.

Estaba ahí la avaricia, el pecado del que teniendo mucho nada goza, y cuya muerte hace mejor la vida de otros.

Estaba ahí la envidia, el triste pecado que ningún placer da; aquél que exalta al envidiado y humilla al envidioso.

Estaba ahí la gula, el último pecado de la carne que el hombre puede cometer.

Estaba ahí la pereza, el pecado que hace el que nada hace.

Estaba ahí la ira, el pecado del nombre pequeño y los efectos grandes.

Estaba ahí la lujuria, el pecado menos pecado. Tan débil es el pobrecillo que desaparece con los años.

En eso llegó la soberbia.

Todos los pecados se pusieron en pie y dijeron al mismo tiempo, reverentes:

-¿Cómo estás, madre?

¡Hasta mañana!…

MANGANITAS.

Por AFA.

«. Según estudios de expertos las ferias mexicanas siguen teniendo ganancias.».

Aunque esas notas son serias

yo me pregunto, caray,

por qué, si feria no hay,

siguen ganando las ferias.

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