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Féretros rodantes

La muerte de 28 personas en la autopista México-Tuxpan producto de un encontronazo entre un vehículo compacto y un autobús de pasajeros pone una vez más en la mesa la urgencia de revisar qué está pasando con el transporte público y sus condiciones para circular por las carreteras del país.
Ahora fue en una carretera en la Sierra de Puebla donde no se sabe si la impericia, quizá conducir en estado de ebriedad, el cansancio o vaya usted a saber qué fue lo que en verdad ocurrió y que sólo peritos altamente capacitados podrán definir, pero lo cierto es que el autobús de la Línea Verde Premiun se convirtió en el féretro de 28 personas, la mayoría jóvenes que iban camino a las ciudades donde se ubican sus escuelas o sus trabajos y a las que ya no llegaron.
Eran las 7 de la noche cuando pasó el choque frontal. Dicen los testigos que el auto compacto iba a exceso de velocidad cuando golpeó a una camioneta de frutas y al perder el control se proyectó contra el autobús que iba en sentido contrario, incendiándose de inmediato y bloqueando la puerta del autobús de pasajeros.
Lo poco comprensible es ¿cómo se incendió tan rápidamente el vehículo compacto? Y lo más extraño, ¿Cómo el autobús ardió en cosa de minutos impidiendo a la mayoría de los pasajeros ponerse a salvo?
Seguramente habrá muchas respuestas, respuestas que por cierto quizá nunca sabremos porque hubo 28 muertos.
Cuentan testigos que luego del choque el autobús quedó a la mitad de la carretera y el fuego era tan intenso que ni siquiera los dejaba acercarse, y la pregunta persiste: ¿Cómo fue que se incendiaron tan ponto? ¿Fallas mecánicas? ¿La velocidad? ¿El autobús estaba en malas condiciones?
En estos accidentes siempre hay decenas de factores que influyen para que se den tragedias de tal magnitud como la ocurrida en la Sierra de Puebla. Pero si hacemos un recuento, no sólo en Puebla ocurren estos incidentes. En Hidalgo las malas condiciones de un autobús que regresaba con turistas del Balneario de Amajac dejó un saldo de al menos 18 personas fallecidas, y hace algunos meses la explosión de pipas en las inmediaciones de las Refinería Miguel Hidalgo en la que fueron víctimas elementos del Ejército Mexicano. Nada menos en el momento de escribir esta columna varios tráileres chocaron y se incendiaron en el Arco Norte.
No les parece ya demasiadas coincidencias. O todas las unidades involucradas tienen tales deficiencias que se convierten en un verdadero peligro para sus ocupantes.
Eso sin contar que circulan por las carreteras vehículos en tan mal estado que uno se pregunta: ¿Cómo es posible que los dejen transitar por las carreteras? Pero siempre habrá una buena mochada que haga a los encargados de la seguridad en carreteras hacerse de la vista gorda.
Además esos vehículos normalmente llevan sobrecupo y nadie parece percatarse de ello, sólo hasta que ocurre un accidente en el que se mueren 10, 15, 28 personas. Es entonces cuando las autoridades para no enfrentar su parte de responsabilidad se niegan a informar lo que ocurre.
Y al final todos lamentan los acontecimientos, envían condolencias, se solidarizan con las familias, pero la realidad es que nadie hace nada para regular el uso de vehículos viejos, la seguridad de los no tan viejos, el control de velocidad y las condiciones de las carreteras y por supuesto una política eficaz de prevención.
O como siempre ocurre, ya muerto el niño quieren tapar el pozo y por supuesto vienen toda clase de justificaciones, pero una acción contundente para ir disminuyendo las muertes en carreteras por los ahora incendios súbitos, parece que no podrá lograrse, total que se chinguen los jodidos que viajan en esos transportes.

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