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Fiascos del 19: Menchaca, Navor y Yolanda

Al comenzar el gobierno de la Cuarta Transformación, en diciembre pasado, en las semanas siguientes surgieron algunos destellos de cambios; por ejemplo, el flamante senador Julio Menchaca, aliado con el rutilante regidor de Pachuca, Navor (Navor, con v chica) Rojas, anunció con bombos y platillos la eliminación de los parquímetros porque, según ellos, habían hallado anomalías en la concesión otorgada por el expresidente municipal, Baltasar García.

Sin embargo, ha transcurrido medio año de su rimbombante anuncio y los aparatos siguen funcionando y haciendo ricos a los dueños de la licencia extorsionadora tragamonedas.

El intento del senador Menchaca resultó ser, además de un fiasco, una infantil tentativa para sumar puntos en pro de su posible candidatura al gobierno del estado de Hidalgo, aunque hay que reconocer que tiene posibilidades en el supuesto de que Gerardo Sosa Castelán quedara fuera de la contienda por el problema que le ha creado la Unidad de Inteligencia Financiera de la secretaría de Hacienda.

Navor Rojas, compañero de Menchaca en la fallida clausura de los parquímetros, también tiene sueños futuristas y se apunta como viable precandidato a la presidencia municipal de Pachuca.

Otro fiasco en escena

El exsenador, excantante, exaspirante al gobierno del estado y exmilitante de distintos partidos, Francisco Javier Berganza, aparece en la escena de los fiascos del 2019. Varios medios de información han dado a conocer que el político de marras pretende la candidatura a la alcaldía de Pachuca.

Con los antecedentes del excantante, quien antes de rendir protesta como senador era considerado prófugo de la justicia y quien, para entrar a la Casona de Donceles (antigua sede del Senado), contó con cómplices que lo introdujeron subrepticiamente al edificio, escondido en la cajuela de un automóvil, no será tarea fácil que algún partido lo postule, a menos que Morena le dé cabida, como lo ha hecho, a uno más de los desechos de la política.

Y si de desechos de habla

En la presidencia municipal, la llamada “casa de todos” por la alcaldesa panista Yolanda Tellería, los secretarios generales del ayuntamiento –considerados los segundos abordo en la jerarquía de mandos–, no duran en el puesto por tres supuestas razones: no le aguantan el ritmo de trabajo (¿cuál?) a la presidenta, no soportan sus arranques de mal humor, o, de plano, le huyen al “poder detrás del trono”, conocido como Daniel Ludlow.

Mientras son peras o manzanas, a la señora alcaldesa se le juntan los pendientes: el atraso en trabajos del bacheo, el cuidado de los jardines y las plazas públicas y, el más importante, la paulatina destrucción de la plaza Independencia y el visible deterioro del Reloj Monumental.

 

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