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Ignorantes, imbéciles, demagogos

Primero, para que quede claro que aquí no intento ofender, sino describir a los abajo mencionados, doy algunas definiciones tal como se anotan en el Diccionario de la Lengua Española:

  1. Ignorante: Que ignora o desconoce algo; que carece de cultura o conocimientos.
  2. Imbécil: Tonto o falto de inteligencia.
  3. Demagogo: Que practica la demagogia.
  4. Demagogia: Degeneración de la democracia consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

Las definiciones son importantes porque cuando escucho a algunos legisladores, sin importar el partido al que pertenecen, me pregunto si son ignorantes, imbéciles, demagogos o todas esas cosas a la vez, ya que solo un ignorante, imbécil o demagogo es capaz de decir cosas que ofendan la inteligencia de cualquier persona sensata y medianamente preparada.

En este espacio me he referido antes al guerrerense Félix Salgado Macedonio, senador por Morena, quien ha amenazado con desparecer los poderes en los estados cuyos gobiernos desobedezcan leyes aprobadas por el Congreso, pero que, de acuerdo con la Suprema Corte de Justicia, van en contra de lo que ordena la Constitución. Es más, ha amenazado con desparecer a la misma Suprema Corte por declarar como anticonstitucionales algunas leyes aprobadas por los diputados y senadores lopezobradoristas. La ignorancia, estupidez o demagogia de este legislador es tal, que afirmó que el Judicial es un poder secundario por no ser electo por el pueblo.

Y el de Guerrero no es el único.

Ayer, el también senador morenista, pero por Oaxaca, Salomón Jara, ofendido e indignado con las calificadoras de valores, que han reducido la calificación de Pemex y reducido de estable a negativa la perspectiva de la deuda soberana del país, y las calificaciones para la CFE y 77 empresas e instituciones financieras mexicanas, anunció que someterá al Senado una iniciativa que obligue a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) a revocar la autorización para que operen en México aquellas calificadoras que “presenten evaluaciones o calificaciones que no se apeguen a los principios de independencia, objetividad, rigurosidad, autenticidad, veracidad, integridad y transparencia o se atente de manera deliberada contra la estabilidad financiera de los mercados o contra alguna empresa o sector determinado”.

El senador oaxaqueño ignora que, si mañana obligaran a las calificadoras a irse del país, no por ello dejarían de emitir sus opiniones en torno a la deuda soberana del gobierno o a la capacidad de pago de entidades públicas y empresas del sector privado.

Jara busca manipular los “sentimientos elementales de los ciudadanos” al afirmar que las calificadoras “no tienen vergüenza (…) No tienen autoridad para expresar lo que dicen (…) nuestra economía (…) se está fortaleciendo, contrario a lo que han dicho estas calificadoras. Y prueba de ello es el nuevo récord en el Índice de Confianza al Consumidor…”.

El senador debería saber que el índice que menciona no mide la fortaleza de la economía, sino las esperanzas o ilusiones que sobre su futuro económico tienen los consumidores. Si no lo sabe, es un ignorante o un imbécil, si sí lo sabe, es un demagogo.

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