Inicio / A criterio de / La calle de Guerrero

La calle de Guerrero

Por mucho tiempo, la hoy comercial calle de Guerrero, de la ciudad de Pachuca, fue simplemente la arteria donde se iniciaba el Camino a México; inclusivo ese fue el nombre que recibió, al menos hasta que en 1864 el trayecto ubicado entre la actual calle de Doria y el sitio donde se encontraba la entonces garita encargada del cobro de alcabalas, levantada, donde actualmente termina esta arteria, frente a la actual plaza Juárez –sitio donde a finales del siglo XIX se construiría la estación y patios de maniobras del Ferrocarril Hidalgo, propiedad del acaudalado ingeniero Gabriel Mancera–, en tanto que el trayecto que se tendía  hacia el sur, entre Doria y el llamado barrio del Topacio –escuela Justo Sierra–, recibía el nombre de Calle de la Las Ventas, por ser asiento donde llegaban los vendedores de pulque, que aquí levantaban los pedidos para las muchas pulquerías que había entonces en Pachuca.

Ambos tramos de aquella arteria eran contrastantes: el primero, que corría hacia el sur, lo hacia entre casas habitación, caballerizas, corrales, mesones y uno que otro comercio y se caracterizaba por la gran pestilencia que se desprendía de las acequias que a cielo abierto corrían por ambos lados de la calle, donde se descargaban aguas negras y desechos de todas las casas, establos y chiqueros que se ubicaban en ella. Por otro lado, su cauce irregular y pedregoso era, en épocas de lluvia, proclive a encharcamientos pantanosos, en muchos casos imposibles de cruzar por los transeúntes.

En cambio el segundo tramo, llamado Calle de las Ventas, que partía desde  la Calle del Comercio –hoy  Doria– hacia el norte, en los paredones de la antigua Hacienda de El Progreso en el barrio del Topacio era, a diferencia de la anterior, una vía empedrada y en algunos puntos embaldosada, con un buen número de tiendas de abarrotes, pulquerías, almacenes de ropa y zapatos y en sus inmediaciones se situaba la popular Plazuela del Ixtle –hoy Plazoleta de Juan C. Doria, erigida en memoria de quien fuera el primer gobernador de la entidad–, sitio donde se expendían costales, mecapales, bolsas, lazos, reatas y otros productos confeccionados con esta fibra textil obtenida de la penca de los magueyes, que es y ha sido de ancestral uso en el centro de México. No lejos de allí, en los muros del edificio de Las Cajas Grandes, construido por la Compañía Inglesa de minas en la década de los años treinta del siglo XIX, convertido sucesivamente en hacienda de beneficio –1828–, Cuartel de Policía –1862–, Escuela de Artes y Oficios –1918– y finalmente en la actual escuela Justo Sierra –1931–, se tendía el mercado de “las pulgas”, donde se expendían artículos usados, pantalones, sombreros, zapatos y otros objetos.

El trayecto de Doria al Topacio era también confluencia de otras arterias que, de oriente a poniente, conducían a la Plaza de las Diligencias, hoy de la Independencia, al templo de Nuestra Señora de Guadalupe –ubicado donde hoy se encuentra el antiguo edificio de la Universidad de Hidalgo–, al Mercado de la Fruta –actual Miguel Hidalgo– y a la parroquia de la Asunción, donde también se encontraba la Plaza de la Constitución, con sus portales y explanada
de Mercaderes.

Todavía en los años veinte del siglo anterior, era costumbre que arribasen a Pachuca carromatos cargados con barricas de pulque, que vendían su producto en plena calle, sin más permiso o licencia que la que obtenían de los consumidores del sabroso neutle. Fue precisamente en la antigua Calle de las Ventas donde con más frecuencia se efectuaba este comercio informal.  El periódico El Imparcial del 3 de noviembre de 1919 daba a conocer las quejas de la ciudadanía en razón de los espectáculos que algunos parroquianos armaban en plena vía publica después de consumir cuatro o cinco jarras de pulque, a las puertas de afamadas tiendas, como la Abastecedora del Pueblo, la Panadería la Espiga o de cualquier otro comercio ubicado en esta importante vía pública del Pachuca de ayer.

Mas la ciudad se fue transformando, primero el empedrado y la construcción de banquetas alcanzó el tramo de la antigua salida a México que acabó por unirse con la de Las Ventas; desaparecieron las acequias, surgieron las banquetas y la nueva nomenclatura ideada por el gobernador Rafael Cravioto en 1879, mediante la cual quedaron unidas y se les asignó el nombre del caudillo sureño de la independencia Vicente Guerrero, que aún conserva. Pero tal vez lo más importante fue que el tramo de Doria a la antigua garita de la salida a México se convirtió en asiento de importantes comercios, tradición que se conserva aún, dado que esta arteria es confluencia de los más importantes barrios y colonias del asentamiento histórico de Pachuca.

Cuando, en diciembre de 1926, se incendió la explanada de barreteros, frente al templo de Nuestra Señora del Carmen, la antigua calle Camino a México se vio nuevamente transformada con la construcción de un mercado de digna arquitectura que mucho coadyuvó a cambiar la imagen de esta vía, que fue captada a la altura de la Plazuela Ixtle, hoy de Juan C. Doria, en 1909, en la que se observa al carromato expendedor de pulque en la vía pública, gráfica que hoy ilustra este artículo.

 

Lee también

¿Qué nos pasa?

La desaparición de jóvenes, mujeres y hombres se está volviendo algo cada vez más común …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

error: Alert:Nuestro contenido esta protegido !!