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La tecnocrática grisura

Desde hace cuando menos dos años, aquí mismo se anotó que se debería poner mucha atención en la carrera de un personaje que ha titulado altos puestos en el gobierno federal desde la administración presidencial del panista Felipe Calderón Hinojosa. En realidad, esta persona venía desempeñándose en cargos importantes, aunque menores, desde el gobierno federal del también panista Vicente Fox.

José Antonio Meade Kuribreña galopó con bajo perfil tanto en puestos menores como de mayor responsabilidad. Sin embargo, es en el gobierno federal del priísta Enrique Peña Nieto donde empieza a descollar de manera más notoria, pues el personaje es movido para ser cabeza administrativa de Energía, Relaciones Exteriores, Sedesol y la Secretaría de Hacienda por segunda vez, pues en el gobierno de Calderón ocupó la misma plaza.

Al observar estos saltos en instituciones clave del gobierno mexicano, no fue peregrina la mención de observar esta carrera que posiblemente indicaba un destino claro y de mayor jerarquía para Meade en la cosa pública. Las previsiones y especulaciones en torno a este personaje aludidas en este espacio, en ya vieja entrega, se empezaron a cumplir cuando Luis Videgaray, en una red de internet, difundió una foto suya con José Antonio desde Miami, Florida, en plena alabanza de una amistad de ambos que databa de 30 años atrás.

Todo lo anterior ya es cosa del pasado, aunque se hayan confirmado las percepciones en torno a la carrera del ya presidenciable priísta, mismo que ya como tal no ha encontrado (o no le han encontrado) la manera de dotarlo de un discurso y una presencia que penetre en el entendimiento y el sentir de electorado que sufragará por la Presidencia de la República el primer domingo de julio próximo.

Candidato priísta a fin de cuentas, Meade se han conducido con un discurso vacuo, insustancial y en una forma que revela su falta de experiencia como candidato en las campañas electorales; pero además, deja ver a las claras su gélida formación burocrática integral que de plano aleja incluso a sus pretensos simpatizantes.

Para infortunio de Meade Kuribreña, él, como candidato bajo las siglas del PRI, se halla atado a todo el desprestigio que satura a ese partido desde hace años, además de estar fresco el enojo de las recientes imposiciones de reformas del gobierno federal y legisladores que en nada han beneficiado a la mayor parte mexicanos y mexicanas. Cambios que han sido parte del desastre económico, político y social de México desde 1982.

En la búsqueda del triunfo electoral para el priísmo que no se mira en el horizonte, salvo con manejos fraudulentos entre las “autoridades” electorales, Meade afirmó en Tlalnepantla, Estado de México, que en los comicios por la Presidencia se repetirá la “fórmula” que aplicó el priísmo para que ganara su candidato a gobernador, Alfredo del Mazo, aunque todo se “veía difícil”, anotó José Antonio obnubilado por la carga tricolor y por el “amigo Pepe, aquí está el priísmo mexiquense, que siempre ha luchado y está hecho para seguir adelante. No se va a quedar corto y está listo para ganar fuerte y con todo”, que le recetó el hoy gobernador mexiquense que ya ni se acuerda de su muy discutida nominación como titular del Ejecutivo estatal.

José Antonio Meade, en suma, ha cumplido con pena la ronda de campaña como precandidato priísta a la Presidencia de la República. De pasar ya a la nominación oficial como candidato, Meade podría ser inflado en las fársicas encuestas de opinión y preferencias comiciales y, de pilón, con el machacón coro mediático para que el señor candidato no quede mal con sus impulsores; quedar mal con México sólo sería otra cuenta en el sartal.

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Leo Acosta

Cartón – Blancas

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