Los teatros del Progreso y Bartolomé de Medina - Criterio Hidalgo

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Los teatros del Progreso y Bartolomé de Medina

En 1857, cuando Pachuca experimentaba el más importante crecimiento urbano de su historia debido a la gran bonanza iniciada en 1851 con el hallazgo de un rico filón en la veta de El Rosario, el Sr. Agustín Cárdenas, rico empresario minero y comerciante, decidió invertir parte de su fortuna en la apertura del que se considera el primer teatro del que se tiene memoria en este antiguo Real de Minas. Adquirió el Sr. Cárdenas de la familia Lailson un céntrico solar ubicado al costado norte de la plaza Independencia, donde esta hace esquina con la hoy calle de Allende; en ese lugar, edificó una sala de buen tamaño, con capacidad para unos cien espectadores, que equipó con sillas de madera y bejuco, acomodadas sobre un piso ligeramente inclinado. Todo ello le implicó al señor Cárdenas, invertir la respetable cantidad de ochenta mil de aquellos pesos.
Por las noticias con que se cuenta, el ingreso al teatro se hacía a través de dos grandes puertas que daban paso a un pequeño vestíbulo de modesta decoración, donde tras gruesas cortinas se encontraban dos vanos que daban acceso al recinto de los espectadores. El foro de buen tamaño, aunque no de muy alta tramoya, se encontraba antecedido por un espacio para orquesta y sobre el tablado del escenario dos conchas grandes para apuntadores y 22 más pequeñas para iluminación, que complementaban tres hileras de diablas y dos de candilejas. La sala toda se alumbraba con tres candiles de araña, uno al centro con 40 luminarias y dos a los lados de 22 luces cada uno. El resto del recinto era iluminado por quinqués, que se apagaban al iniciar la función.
Al parecer, la construcción fue concluida a principios de 1860, pues para el año siguiente se daba ya noticia de su existencia, al anunciarse la presentación de compañías de ópera y teatro. Dos actos celebrados en este recinto lo hacen trascender en la historia de la ciudad y del Estado; el primero, la ceremonia de inauguración de cursos del Instituto Literario y Escuela de Artes y Oficios el miércoles 3 de marzo de 1869, plantel que andado el tiempo, se convirtió –a partir de 1861– en la Universidad Autónoma de Hidalgo, y el segundo, el informe y despedida del primer gobernador del estado, coronel Juan Crisóstomo Doria, el domingo 23 de mayo del propio año de 1869.


Durante la década de los años sesenta del siglo XIX, el Teatro del Progreso fue el principal centro de actividades artísticas, políticas, sociales y culturales de la época, tales como la presentación de óperas, toma de posesión de gobernadores, inauguración de cursos del instituto, informes de gobierno y otros actos de esa misma naturaleza, entreverados con la presentación de compañías de ópera, opereta y zarzuela. Pronto aquella sala fue impotente tanto para alojar al crecido número de espectadores, como para constituirse en escenario digno de algunos programas artísticos.
En este contexto de ideas, hacia 1874, la familia Maquívar decidió construir un nuevo y más amplio teatro, cuya obra negra estaba muy adelantada para noviembre del año siguiente; sin embargo, los altos costos de los materiales de construcción obligaron a los propietarios de la obra a abandonarla por completo a lo largo de casi seis años, pues fue hasta 1881, cuando el gobierno del coronel Simón Cravioto, compró terreno y obra a fin de continuar los trabajos de su edificación, aunque con algunas reformas concebidas por el afamado Ing. Ramón Almaraz –quien fuera director de la Comisión Científica de Pachuca entre 1862 y 1865– contratado para tal efecto, aunque nuevamente la edificación fue suspendida en 1883 y reanudada en 1885, ahora bajo el cuidado del arquitecto Cayetano Tangassi, autor de la fachada de cantera realizada en estilo clasicista, quien encargo la decoración de los interiores al escenógrafo mexicano Jesús Herrera y Gutiérrez.
Finalmente,el domingo 15 de enero de 1887, fue inaugurado por el gobernador Francisco Cravioto, con una función de gala, que corrió a cargo de la Compañía de zarzuela Cid de León” Señala el Periódico Oficial del Estado, del jueves 20 de enero, que en ese grupo artístico, figuraban personalidades como la señora Carreón y el joven Morales, quienes interpretaron la zarzuela El Anillo de Hierro y fueron recibidos con mucho agrado por el público, que les tributó merecidos aplausos.
La sala llevó el nombre de Bartolomé de Medina, el metalurgista sevillano que revolucionó la metalurgia del siglo XVI al descubrir en Pachuca, a finales de 1554, del método de amalgamación o de patio para el beneficio de la plata, aplicado por más de tres siglos a nivel mundial.
A partir de entonces esta magnífica sala se convirtió en la sede de los más importantes espectáculos presentados en Pachuca; por su escenario desfilaron artistas como Ángela Peralta, Esperanza Iris, y desde luego, las más afamadas compañías de teatro, ópera y zarzuela, sin olvidar las veladas literarias y musicales, así como actos oficiales de los gobiernos estatal y municipal tales como informes de gobierno y presentación de afamados hombres de la política, entre los que figuran los presidentes Porfirio Díaz, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles, Álvaro Obregón y Lázaro Cárdenas, entre otros. Continuará…

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Un comentarios

  1. Francisco Eugenio Montes Ronero

    Cómo siempre Lic. Manuel Menes Llaguno., excelente y documentada crónica,

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