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Los Teatros Del Progreso y Bartolomé de Medina (Segunda y última parte)

El 5 mayo de 1887, cuatro meses después de haber sido inaugurado el Teatro Bartolomé de Medina, fue recibido en una función de gala, el Presidente de la Republica General Porfirio Díaz, quien por la tarde-noche de aquel día había puesto en marcha el nuevo sistema de alumbrado público en Pachuca mediante el sistema eléctrico incandescente de pila voltaica.

También debe destacarse, que el 28 de junio de 1912, el ya Presidente de la Republica Francisco I.  Madero apareció en el balcón central del teatro –sede del Congreso Local– para saludar a los

Un viejo pachuqueño, recordaba cómo era el teatro en su interior, “las tres puertas de la fachada principal ubicada en las calles de Matamoros, daban paso a un vestíbulo de regulares proporciones donde se ubicaba la taquilla en lado izquierdo y por el sur la puerta de acceso a la Biblioteca del Estado; al centro, tras una galería de tres escalones se encontraban una vano de arco peraltado que permitía el acceso a otro espacio, donde los espectadores se dividían, para ingresar a los diferentes niveles, quienes acudían al lunetario  o palcos primeros, lo hacían directamente por una gran puerta encortinada; en tanto que quienes se dirigían a los palcos segundos, terceros o galería, abordaban una escalera semicircular que conducía a los diferentes niveles, donde  reducidos pasillos daban acceso a sus lugares.

El lunetario, tenía cabida para unas 500 sillas de bejuco que al ser retiradas dejaban un amplio espacio, ocupado en muchas ocasiones como sala de baile o comedor en ocasiones. A cada lado de la puerta principal, se encontraba el acceso a los palcos primeros que ocupaban de manera perimetral un espacio ligeramente más alto que el resto de la sala, esta disposición se repetía en los tres pisos superiores, (palcos segundos, terceros y galería). Toda la decoración de sus interiores, era de corte francés, realizada en madera y pilares de acero finamente acabados.

El foro, era de gran tamaño, al frente se encontraba un espacio ligeramente hundido para la orquesta, delante del cual se tendía el escenario, en el que sobresalía discretamente la concha para el apuntador.  La profundidad del escenario permitía la caída de ocho telones, para facilitar la presentación de varios cuadros.

En en el segundo piso del edificio la Sala del Congreso, ubicada sobre el vestíbulo, el que ocupaba todo el frente de la fachada y al que se accedía a través tres puertas, aunque solo se abría la central. Pesados cortinajes engalanaban los siete ventanales que daban profusa luz al lugar, adornado con cuadros de los 6 primeros gobernadores del estado de los presidentes Benito Juárez, Miguel Lerdo y Porfirio Díaz y una más de don Miguel Hidalgo colocada sobre la tribuna principal; las curules estaban dispuestas en las primeras filas, detrás de las que se encontraba una las butacas ocupadas ocasionalmente por asistentes a las sesiones.

La aparición del cinematógrafo, hizo presencia en el Bartolomé de Medina hacia 1906, cuando los señores José Bustamante y Valdés y Enrique Rosas, alquilan la gran sala para exhibir películas de corto metraje, pero fue hasta 1919, cuando se colocó una caseta para cinematógrafo a la altura de los palcos terceros, cegando el que correspondía a la arcada central.

Así, a las presentación de sesiones de ópera, zarzuela, teatro o conciertos musicales se agregó el estreno de películas mudas, del sistema vitáfono (sonido sincronizado con un cilindro o disco fonográfico) y desde luego las primeras cintas sonoras, como olvidar las presentaciones de Esperanza Iris, Virginia Fábregas, Berta Singerman, el Cuatezón Beristaín o los estrenos teatrales de los hidalguenses Tomas Domínguez Illanes, Francisco Bracho y el poeta Guzmán Mayer, y en materia cinematográfica los filmes de Lon Chaney Douglas Fairbanks y otros como Jorge Negrete, Joaquín Pardavé, Dolores del Río, solo por mensionar a los más importantes.

A lo largo de 53 años, el Bartolomé de Medina, se convirtió en la catedral pachuqueña todo espectáculo, rivalizando con los teatros Juárez de Guanajuato, La Paz de San Luis Potosí o Degollado de Guadalajara.

La aparición de la empresa cinematográfica “Cadena de Oro” propiedad de Maximino Ávila Camacho, hermano del Presidente de República, se apropió poco a poco de todas las salas de espectáculos del país, las que ya en su poder eran demolidas para construir en su lugar modernos y amplios edificios dedicados a la exhibición de cintas cinematográficas, en Pachuca alegando el reducido tamaño del Teatro Bartolomé de Medina, el 20 de enero de 1943, se efectúa la última en su interior ya que al día siguiente comenzó su demolición.

Surgió así la terrible mole de concreto y acero, que los pachuqueños designaron como “Adefesio Reforma”, cuya estructura de cemento armado, alteró de manera sustancial el panorama de la plaza Independencia, ante la complaciente actitud de las autoridades.

El cine Reforma, que también tiene su historia, fue cedido a la “Cadena de Oro” a través de un contrato oneroso, por 25 años a partir de su firma en mayo de 1942. Desde luego era esta una sala más amplia con cupo para cerca de 2000 espectadores, sin embargo, su fealdad externa, coadyuvó para que, en 1977, en la gubernatura de don Jorge Rojo Lugo, se demoliera ante la total felicidad de los capitalinos hidalguenses.

 

Juan Manuel Menes Llaguno

Cronista del Estado de Hidalgo

 

 

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