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Machos alfa

No hay día en que no se dé a conocer en Estados Unidos alguna nueva acusación en contra de algún hombre poderoso por acoso sexual o incluso violación. El caso de Harvey Weinstein, el renombrado productor de Hollywood, ha sido quizá el más sonado y el que ha desatado una verdadera avalancha de nuevas acusaciones. Pero las acusaciones habían empezado desde antes. Personajes como el presidente de Fox News Roger Ailes, el reconocido entrevistador y conductor de televisión Charlie Rose, el candidato al gobierno de Alabama Ray Moore y el propio presidente de los Estados Unidos Donald Trump han enfrentado problemas tras haber sido acusados de hostigamiento contra mujeres. 
La única característica en común es que los acosadores son hombres con poder o con dinero. Por lo demás, tienen ideologías y antecedentes muy diferentes. Hay en la lista hombres de derecha y de izquierda, conservadores y liberales, jóvenes y viejos, políticos y personajes del espectáculo. 
La frecuencia con la que se han dado a conocer nuevos casos revela que quienes están siendo exhibidos representan la punta del iceberg en Estados Unidos. Muchas mujeres mexicanas me dicen que en nuestro país la situación es incluso peor. La razón por la cual no estamos viendo en México las denuncias que han sacudido al establishment estadounidense es porque en nuestro país persiste la certeza de que la mujer que denuncie verá destruida su carrera. 
Quizá la razón es que en el ambiente de trabajo se recrean condiciones ancestrales. Las comunidades de chimpancés, que se cuentan entre los primates más cercanos al género humano, se organizan en torno a un macho alfa cuyo poder le permite dominar e impregnar a la mayoría de las hembras. Las familias y sociedades humanas en el paleolítico eran al parecer matriarcales, pero con el neolítico no sólo se generaron sociedades agrícolas y sedentarias, sino que se estableció una estructura familiar y social patriarcal, estructurada en torno a hombres que, por su riqueza, tenencia de la tierra y poder se convertían en machos alfa. Muchos de los hombres acusados de acoso tienden a repetir ese patrón. Utilizan su poder y dinero para rodearse de mujeres que dependan de ellos y les den acceso sexual. 
La sociedad actual, sin embargo, ha evolucionado mucho desde los tiempos del neolítico y por supuesto desde las comunidades de chimpancés. No tenemos por qué aceptar que un pequeño grupo de hombres quiera aprovechar su poder o sus recursos para presionar a las mujeres a tener relaciones que ellas no desean 
La sociedad parece entenderlo. No ha sido necesario que la ley castigue a quienes han sido acusados de estas faltas en Estados Unidos. En muchos casos, ha sido suficiente que se ventile la acusación para que se genere un castigo social que se puede reflejar, por ejemplo, en una destitución del cargo que confiere la condición de macho alfa o la derrota en una elección, como le ocurrió al republicano de Alabama Ray Moore. 
Mucha gente, sin embargo, sigue pensando que no hay nada malo en un hombre de poder o dinero que acosa a una mujer. Simplemente recordemos que, a pesar de las acusaciones en su contra, Trump pudo ganar las elecciones presidenciales del 2016. La conmoción generada por los casos que se han dado a conocer recientemente apuntan a un cambio cultural, por lo menos en Estados Unidos, lo que significa que estos abusos están teniendo un costo cada vez mayor para quienes los cometen.

Pobre y rural
No es inusitado que José Antonio Meade haya empezado su precampaña en San Juan Chamula, Chiapas, donde pocos lo conocían. El PRI sigue dependiendo del voto pobre y rural para sus victorias. En las ciudades ha perdido presencia y convocatoria.

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