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Morena blandengue, abusiva, fascista y feudal

Claridoso como es mi fraterno Paco Ignacio Taibo II se fue con todo en la mayor autocrítica que hasta ahora se haya hecho el partido en los poderes, si incluimos Ejecutivo, Legislativo, la Corte, el Banco de México y anexas: “Morena perdió su esencia social y se convirtió en un partido blandengue, electorista y buscachambas que cada vez está más burocratizado… es un desmadre, es asqueroso… e incluso en los altos niveles de gobierno, la corrupción sigue imperando”.

Añádanse los abusos y los atropellos a la ley que un día sí y otro también perpetran impunemente los mareados morenos trepados en los ladrillos del poder. Las señales son tan ominosas como el robo de tres años a los bajacalifornianos con la llamada Ley Bonilla y las trapacerías gananciosas en dólares de los legisladores locales.

Pero el colmo del absurdo y la cortesanía es lo acontecido en Tabasco, tierra de origen y destino —él lo ha dicho— del presidente López Obrador. Donde el gobernador moreno Adán Augusto López Hernández moldeó para su jefe político la ahora llamada Ley Garrote —aprobada por su Congreso también moreno— para castigar hasta con 20 años de cárcel a quienes protesten bloqueando vías de comunicación. La mayor contradicción de todos los tiempos si suponemos que Morena —a pesar de su creciente evangelismo— sigue siendo de izquierda y que precisamente las marchas y los bloqueos han sido sus instrumentos naturales de lucha. Así que al carajo el 68 y el 71. Al basurero de la historia Demetrio Vallejo, Valentín Campa, Arnoldo Martínez Verdugo, Heberto Castillo y todos aquellos que hicieron de sus pasos y el grito callejero los mejores símbolos reivindicatorios contra la opresión y las injusticias. A la vez, los propios morenos tendrían que morderse la cola de su pasado más o menos reciente: cuando un joven luchador social llamado Andrés Manuel López Obrador —al que entrevisté ahí mismo— bloqueó los pozos petroleros en protesta por el crimen ambiental de sus tierras; y que años después paralizaría la Ciudad de México con los días interminables de la toma de Reforma por el fraude del 2006. Hoy, trece años después, la promesa luminosa de Morena nos ha regresado a la oscuridad de la Edad Media.

Paradójicamente, la única explicación posible habrá que agradecérsela a la sinceridad cínica de su dirigente Yeidckol Polevsnky: “esta ley busca evitar cualquier tipo de chantaje o sabotaje al proyecto de la refinería de Dos Bocas… que va a generar cantidad de empleos en Tabasco… no podemos permitir que sigan esas prácticas”, expresó la líder formal de Morena. La misma que, para justificar la ratería de Baja California, dijo que era una lata estar votando cada dos años. Por lo pronto, pasará a la historia por estas dos leyes vergonzantes: la Bonilla y la del Garrote.

Así que Morena, desde la Presidencia de la República para abajo, legisla y gobierna con sus amigos, para sus amigos y para los intereses de su líder infalible. Los señores feudales y el emperador.

De nada han de servir las protestas dentro y los señalamientos de fuera como el de Amnistía Internacional, que ha advertido que la Ley Garrote de Morena pone en riesgo la libertad de expresión y de reunión y que estará dejando sin voz a los pequeños pobladores que se atrevan a oponerse al megaproyecto de Dos Bocas. Como en la gandallesca y también morena Ley de Extinción de Dominio: primero chingamos, luego viriguamos.

 

Periodista

ddn_rocha@hotmail.com

 

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