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No tiene madre

En la cama de un hospital una mujer intenta reponerse del dolor más grande que pueda sufrir una madre. Sus familiares no saben qué puede pesar más en el ánimo de esta mujer, su padecimiento o el sufrimiento por haber perdido a su hijo.
Apenas acababa de despedirse de su criatura, como lo seguía viendo a pesar de que ya había cumplido los 21 años, que la había visitado en el hospital y nunca se imaginó que era la última vez que lo vería.
Antes de que se marchara el joven le dio la bendición y le recomendó tener cuidado en la carretera. Era tarde y nunca falta el imprudente que con unas copas de más puede ocasionar un accidente. Le insistió; cuídate mucho, no manejes rápido. Algo le avisaba su corazón de madre.
Solo había recorrido unos cuantos kilómetros, cuando sobrevino el percance.
El conductor de una camioneta embistió su pequeño vehículo y fue tal el impacto que comenzó a quemarse.
El joven no pudo escapar de las llamas, frente a la mirada impotente de los que a esa hora de la noche pasaban por ahí y que nada pudieron hacer para rescatarlo.
Y mientras en el hospital los médicos trataban de controlar la presión de la mujer, que presentía que algo malo pasaba, cerca de ahí su hijo moría calcinado.
Se imagina usted el sufrimiento de la familia y sobre todo del padre, en quien recaía la responsabilidad de darle la mala noticia a su esposa.
¿Qué se le dice a una madre que hace unas horas había conversado con su hijo de los planes que tenía para progresar, de las travesuras del nieto, porque este joven a su corta edad ya había formado una familia, de la próxima tocada con el sonido en el que era parte del staff?
¿Qué se le dice a una joven esposa a quien un conductor irresponsable dejó viuda y a un pequeño huérfano de padre?
¿Qué disculpa puede valer para una familia cuando sin medir consecuencias un conductor imprudente deja en el abandono a una madre, a un padre, a una esposa, a un hijo y a decenas de amigos que apenas pueden creer que se fue?
Mas allá de las apreciaciones de quienes relatamos lo ocurrido a través de las imágenes de un oportuno video de redes sociales, lo cierto es que nada puede justificar lo injustificable.
Quizá lo más indignante es la preocupación de los señalados como probables responsables del accidente, de intentar explicar con documentos firmados por personajes que nunca estuvieron en el lugar, con desistimientos de otros involucrados en el choque, y desmentir la acusación de la autoridad, sin pensar en lo verdaderamente importante.

Tener los huevos de presentarse a reconocer la falta.
¿Cómo se puede dormir con la conciencia tranquila, cuando no se fue capaz de detenerse a ayudar a un hombre que moría calcinado?
Asumiendo que el presunto señalado en verdad no fuera el culpable y que lo ocurrido fue un lamentable accidente como asegura, en verdad me pregunto ¿es más importante acudir a la prensa para defenderse que estar cerca de una familia agobiada por el dolor?
Sabe acaso que una madre tuvo que salir del hospital para acudir al sepelio de un hijo que ni siquiera pudo volver a ver. Literalmente, esa madre ya no pudo mirar el rostro de su retoño y solo se limitó a rezar un rosario.
Y mientras todo esto ocurría, hay preguntas que parece difícil responder.
¿Quién fue la primera autoridad respondiente que garantice el debido proceso?
¿Dónde chitados están los derechos humanos para defender a la familia afectada?
¿Qué tan transparente e impecable se ha llevado a cabo la investigación que no permita que este delito quede impune?
O como siempre ocurre, son tantos los intereses que al final solo habrá deslindes políticos y palabras huecas que se limitan a describir obras realizadas.

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