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Primeros intentos para crear un nuevo estado –Segunda de cinco partes–

Durante los primeros 50 años de vida independiente de México, en al menos tres ocasiones, se iniciaron gestiones para crear en el perímetro del actual estado de Hidalgo una entidad libre y soberana. El primer intento se suscitó en junio de 1823 al suscribir Cristóbal Andrade, representante del Ayuntamiento de Huejutla, una solicitud para formar la provincia (o estado) de La Huasteca, que se integraría con diversas poblaciones pertenecientes a los estados de Veracruz, San Luis Potosí, Tamaulipas y la porción del Estado de México que hoy corresponde a la Huasteca hidalguense.

Después de haber obtenido la anuencia de la mayoría de las poblaciones que la formarían, Andrade dirigió petición formal al Congreso Constituyente, que debatía entonces la primera Constitución que regiría al país. Sin embargo, su propuesta fue rechazada, pues ni siquiera pasó a comisiones para su discusión.

Tres décadas más tarde, resurgió nuevamente la misma inquietud, ahora concebida durante la estadía de don Melchor Ocampo en Tulancingo – entre junio y septiembre de 1853– cuando el héroe de la Reforma cumplía el confinamiento al que había sido condenado por el dictador Antonio López de Santa Ana, que le fijó a esa ciudad por cárcel. La historia registra que Ocampo se hospedó en la casa del licenciado Cayetano Gómez Pérez –Abogado nacido en Yahualica, quien llegó a ser gobernador del Estado de México– allí Ocampo conoció a don Manuel Fernando Soto, con quien sostuvo largas pláticas acerca de la creación de una nueva entidad federativa, integrada por diversos ayuntamientos mexiquenses y veracruzanos.

Ocampo convenció a Soto, sobre las bondades de esa entidad federativa, que como paso obligado entre las provincias del centro y la costa del Golfo, llevaría beneficios a toda la zona norte del Estado de México, para entonces ya reducido al crearse el 27 de octubre de 1949, el estado de Guerrero integrado en gran parte con territorios de la entidad mexiquense.

Las ideas de Ocampo, fueron el sustento para que el 31 de octubre de 1855, Manuel Fernando Soto, ya como diputado por Tulancingo al Congreso de la Unión, retomara el viejo proyecto del estado huasteco, ahora con el nombre de Iturbide, que se formaría con los distritos de Tuxpan, Tampico, Tancahuitz, Huejutla y el sur de Tamaulipas, afectando territorios de los estados ya mencionados en 1823, como puede verse en el mapa que se acompaña a esta entrega.


Es importante señalar que Manuel Fernando Soto agregó a los argumentos de Ocampo, la necesidad de agrupar a pueblos, que unidos por una geografía e historia común, habían sido divididos por la política territorial. El proyecto, fue rechazado por los diputados de las entidades afectadas, pero fue nuevamente llevado al seno del Congreso Constituyente encargado de formular la Constitución de 1857, donde se discutió en diversas sesiones durante 1856 y 1857, sin lograr su aprobación.

Seis años después, el 13 de noviembre de 1861, terminada la Guerra de Reforma, habitantes de los distritos de Tula, Tulancingo, Huejutla, Teotihuacán y Texcoco, iniciaron a través de los diputados: Alejandro Garrido, Justino Fernández y José Luis Revilla entre otros, nuevas gestiones para erigir un nuevo Estado, al que ahora, dieron el nombre del apellido del Padre de la Patria don Miguel Hidalgo y Costilla, sin embargo los trámites debieron interrumpirse en razón de la situación que vivía México ante la inminente invasión del país a manos del ejército francés.

A fin de hacer frente a la intervención del ejército francés, el 7 de junio de 1862 el Presidente Juárez, investido por el Congreso de “facultades extraordinarias” decretó la división del Estado de México en tres distritos militares, el segundo formado por los actuales territorios que integran al estado de Hidalgo, para el que designó como capital a la ciudad de Actopan y nombró como comandante a Pedro Hinojosa. Sin embargo la falta de infraestructura para alojar a las autoridades de esa entidad militar provisional, obligó de inmediato a cambiar la sede a Pachuca, donde el notorio crecimiento de su población y de los servicios con los que contaba ya, permitieron el establecimiento de las autoridades en aquel distrito, antecedente que alentaría simpatías para que la ciudad minera se convirtiera a principios de 1869 en capital del que sería el Estado de Hidalgo. En efecto en un documento que obra en el expediente de la primera Constitución del Estado, que forma parte del legajo de peticiones para erigir a Pachuca en capital del estado, se señala: “Desde el momento en que el estado de México se dividió en tres distritos, se demostró que Actopan carece de los elementos necesarios para ello, pues la Comandancia Militar, no pudo permanecer más que tres días y se vino a esta ciudad de Pachuca donde permaneció el gobierno todo el tiempo que duró la división”

En este contexto, Pachuca pasó a ser capital del Segundo Distrito Militar, que estableció la comandancia general en el exhospital de San Juan de Dios, entonces ya abandonado tras trasladarse el hospital que alojaba a uno de los claustros del ex -convento de San Francisco. Este periodo fue crucial para demostrar que aquellos territorios –integrantes del segundo Distrito Militar– habían logrado sobrevivir con sus propios recursos, argumenta sustancial para crear una nueva entidad.

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