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Prometer no empobrece

Don Añilio, señor de edad madura, le dijo a su doctor que después de celebrar el H. Ayuntamiento -o sea después de hacer el amor- quedaba laso, sin fuerzas, exangüe y agotado. El médico replicó que eso era natural.

Le recordó la frase de Galeno: “Tristis est omne animal post coitum, praeter mullierem gallumque”. Todos los animales quedan tristes después del coito, menos la mujer y el gallo. “Quizá sea cierto -reconoció el paciente-, pero a mí la fatiga me dura varios días, tanto que debo esperar al menos 15 para repetir el acto, y eso si hace buen tiempo”.

El facultativo le indicó: “Lo que sucede es que no tiene usted condición física. Le pondré una serie de ejercicios. Cuando pueda subir a un segundo piso sin agitarse eso significará que su problema ha quedado resuelto”.

Arriesgó don Añilio: “¿Y si mejor me consigo una amiguita que viva en el primero?”. Babalucas trabajaba en una empresa de pompas fúnebres. Cierto día llegó a su oficina un lloroso señor. “Mi esposa falleció -declaró triste-, y quiero contratar sus servicios”. Respondió Babalucas: “Si la señora murió será difícil que preste algún servicio”. Aclaró el otro: “Me refiero a los servicios de ustedes”. “Ah, vaya -entendió el badulaque-. Pero si mal no recuerdo hace dos años dimos cristiana sepultura a su esposa”. Explicó el señor: “Me volví a casar”. Exclamó el badulaque al tiempo que le daba un gran abrazo: “¡Felicidades!”.

Hay quienes piensan que López Obrador hace promesas desorbitadas a sus feligreses a fin de ponerlos en órbita. Eso es falso. No les ha prometido, por ejemplo, la salvación eterna -al menos todavía-, ni les ha dicho -por lo menos hasta ahora- que se traerá a México las pirámides de Egipto, la Gran Muralla china y el Taj Mahal para promover el turismo.

Algunos opinan que su más reciente ofrecimiento, el de congelar por tres años el precio de la gasolina y otros combustibles, es de imposible cumplimiento. No toman en cuenta que eso podría conseguirse empleando una buena cantidad de hielo. Por lo demás recuerden los críticos de AMLO que el prometer no empobrece: el dar es lo que, aniquilará al país.

Tres amigos compraron en sociedad una vieja sala cinematográfica. Dos de ellos discutieron sobre el material que debían usar para tapizar los asientos. Uno sugería tela; el otro quería piel. Llegó el tercero y le preguntaron: “¿Qué te gustaría para cubrir el asiento de las butacas?”. Respondió al punto: “Nalgas”. Decía un norteamericano: “Los Estados Unidos es tierra de oportunidades. Aquí un hombre puede empezar como plomero y llegar a ser maestro universitario, sin importar la pérdida económica”.

Dos perfumistas de París se toparon en la calle después de algún tiempo de no verse. Uno vestía modestamente; el otro en cambio lucía elegante atuendo y parecía Saturno por el enorme anillo que mostraba. El rico le preguntó al pobrete: “¿Cómo te ha ido?”. “No tan mal -respondió éste-. Elaboré un aroma que hace que la mujer huela a mango. Con eso me fue bastante bien”. “Yo -dijo el otro- desarrollé una fragancia que hace que el mango huela a mujer.

Con eso me fue extraordinariamente bien”. Don Cornulio llegó a su casa antes de lo esperado y escuchó voces que provenían de la alcoba. Entre ellas pudo distinguir algunas exclamaciones de incuestionable contenido erótico: “¡Mamacita!”, “¡Negro santo!” y “¡Dale, dale!”. Entró en el aposento y lo que vio lo dejó atónito: su mujer estaba en trance de carnalidad con un sujeto. Bufó airado: “¿Qué hacen?”. “Ay, Cornulio! -se impacientó la pecatriz-. Nosotros aquí tan ocupados y tú vienes con tus preguntas tontas”. FIN.

CATÓN

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