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Todo objeto que se introduce en el agua…

Un periodista va en busca de una entrevista con el Filósofo de Güémez, lo encuentra acostado a la orilla de la calle, con el sombrero a un lado, todo revolcado y con la oreja pegada al piso. Sabedor de que el campesino de ‘allá mesmo’ es un hombre sabio y práctico, escucha que éste dice: –Moto roja, caja blanca atrás, repartidor de pizas, hombre joven, con gorra, maneja sin precaución, a exceso de velocidad… hablando por celular.
El periodista sorprendido le comenta:
–¡Ah caray!, yo había escuchado de la sabiduría de los hombres del campo, entre ellos de ti, Filósofo, pero ver que viene un motociclista, con sólo pegar tu oreja al piso, me tienes sorprendido, ¿Cómo es que tu sabiduría te alcanza para dar tantos detalles con sólo pegar la oreja al piso?
–Qué sabiduría ni que la fregada… ¡Acaba de atropellarme!
Para el viejo Filósofo, la sabiduría que llega aparejada con los años, viene acompañada del sentido común, que te enseña a escuchar con el alma, a aprender que detrás de cada gesto, de cada palabra, hay un mensaje encubierto sólo es necesario mirar a los ojos, reconocer la felicidad simulada, la gloria vana, descubrirás que cada persona carga con un dolor a cuestas, que no todos saben reconocer los milagros de la vida y disfrutarlos.
El sentido común te enseña que el aprendizaje lento es el más seguro, te ayuda a descubrir el valor de cada día, el sentido común te ayuda a caminar seguro, a conocer los entresijos de la vida, y a la gente como es, sin el ropaje innecesario de los convencionalismos sociales.
El sentido común te ayuda a reconocer que no todos los seres humanos son malos, ni todos son buenos, que detrás de un hombre violento hay un niño agraviado por el tiempo, al que no se le enseñó a perdonar para olvidar, para sanar viejas cicatrices, a amar incondicionalmente para apagar viejos fuegos de dolor.
El sentido común es un sabio maestro que llega cuando el alumno está dispuesto a aprender de cada detalle del nuevo día, gozando los éxitos, asimilando las enseñanzas que las derrotas traen, no claudicando, creyendo en ti mismo.
El sentido común florece cuando llenas tu alma de valores, de constancia y humildad, entusiasmándote porque hoy estas en el lugar exacto, en el momento preciso para ser tú mismo, para liberarte de lo que impide a tu alma a levantar vuelo, de aquello que te baja el ánimo, cuando fluyes con el río de la vida, no forzando nada, porque sabes que todo y todos llegan para tu bien.
El sentido común te enseña que la vida, como la muerte, es un misterio por resolver, deja de preocuparte, ocúpate en viajar ligero de equipaje, lanzando los miedos afuera, colocando tu alma al servicio del corazón, dando con humildad, sin herir, yendo en búsqueda de las oportunidades que en el banco de la vida hay para ti.
El sentido común te ayuda a eliminar los ‘luego’, que únicamente sirven para que pospongas tu grandeza y te preocupes por el mañana; el sentido común te arraiga en el HOY, que es donde tu vida se desarrolla, descubriendo que el amor es una filosofía de vida que hace realidad tus sueños, que te ayuda a creer en ti, a empezar de nuevo… si es necesario.
El sentido común te enseña a vivir en la sana alegría, en la sanidad que anida en tu corazón, sociabilizando, mejorando tu calidad de vida, siendo sereno y profundamente feliz, dándote el permiso de sonreír, porque al hacerlo, el cuerpo manda al cerebro el mensaje de que todo está bien, en correspondencia el cerebro genera hormonas que ahuyentan la enfermedad, fortalecen tu sistema inmunológico y mejoran tu calidad de vida.
Para este viejo campesino, quien tiene el sentido común a flor de piel, disfruta el humor que es un resplandor del corazón, que agradece a DIOS el milagro del nuevo amanecer. A propósito el Filósofo de Güémez que entiende que filosofía es el arte de cerrar los ojos y abrir el alma, afirma:
“Todo objeto que se introduce en el agua… ¡tiende a mojarse!

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