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Total, Juan te llamas

Matías es un joven entusiasta que cursa la carrera de Agronomía;  la mayoría de sus prácticas las realiza en el  campo y acude  regularmente a comunidades para  estar más en contacto con  la realidad y ayudar a los campesinos en su trabajo cotidiano.

Como todos los estudiantes universitarios, Matías, tiene que cumplir con las tareas encomendadas por sus maestros y subirlas a plataformas que las universidades  han construido para hacer más dinámica la entrega de trabajos de los estudiantes.

Y ahí está la chingadera.

Resulta que Matías, quien cursa una carrera de manera presencial, pero que gran parte de su tiempo lo pasa en el campo, tiene que enviar sus reportes a la plataforma, y ahí es donde se enfrenta a una de las grandes  carencias  de la entidad, porque el internet en la región donde realiza sus prácticas  es verdaderamente deficiente.

Matías  invierte varias horas tratando de subir sus trabajos a la plataforma y se enfrenta a la exigencia de los profesores de cumplir a determinada hora, y de no ser así, le afecta directamente a su calificación.

El joven agrónomo está ante un gran dilema por esa carencia de internet en las comunidades marginadas.

O cumple con sus prácticas en campo como le fueron asignadas por sus profesores y que están dentro del plan de estudios o se desplaza a una ciudad donde haya un buen internet que le permita enviar con facilidad sus reportes.

De acuerdo  con el reporte de Inegi, concretamente del Anuario Estadístico de Hidalgo,  en la entidad solo el 14 por ciento de las áreas rurales tienen acceso a la red de internet.

¡¡¡¡¡ Solo el 14 por ciento de la población rural tiene acceso a la red de internet!!!!

¿Saben lo que eso significa en términos reales para los jóvenes de las comunidades  marginadas que acuden a una institución superior?

Con todos los adelantos tecnológicos, los jóvenes se enfrentan a una realidad que les muestra lo lejos que estamos de las ciudades de primera en México, y ya no digamos del extranjero.

Los chavos están sometidos a un estrés bien intenso porque o sus profesores ignoran las condiciones en que tienen que trabajar o, si las saben, no les importan.

Así que las famosas becas, que al parecer no llegan de manera puntual,  de poco sirven cuando los jóvenes tienen que adicionalmente  invertir en pasajes para acercarse a una población donde haya una red con suficiente capacidad para que puedan subir sus tareas a la plataforma.

Total que Juan te llamas.

Quieren que los jóvenes se preparen para acceder a mejores condiciones de vida y cuando los chavos están decididos a hacerlo, simplemente no hay las herramientas necesarias para poder desarrollar todo ese potencial que tienen los estudiantes que están allá en las comunidades alejadas, dando la batalla por ingresar al desarrollo.

Por supuesto que con todas esas carencias hay chavos verdaderamente talentosos que, a pesar de los obstáculos, logran salir adelante y destacar en las ramas del conocimiento que escogieron, pero, carajo,  qué difícil es para ellos.

Así las cosas, las buenas intenciones de dar facilidades a los estudiantes para acceder a herramientas tecnológicas para mejorar su desempeño académico son solo eso, buenas intenciones.

 

Palabras más, palabras menos

Todo parece indicar que a los conductores de las combis, urban, o como les llamen,  de plano no hay autoridad que los meta en cintura. Conducen como poseídos del demonio, hacen paradas cuando aún no detienen el vehículo y pretenden que las personas bajen rapidísimo, todo porque traen prisa, son maleducados y groseros, pero como es transporte para el pueblo, pues que se chinguen los usuarios.

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