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Tropezón

se iba a casar Pirulina, joven mujer que había tenido dares y tomares con la vida. Temerosa de que su novio advirtiera que la noche de bodas no sería función de estreno, la pizpireta chica consultó el caso con una amiga. Ella le dijo: “Ponte un petardo ahí donde te platiqué. En el momento preciso enciéndelo disimuladamente.

Cuando el petardo estalle tu novio te preguntará qué fue eso. Dile que fue el tronido que hizo tu virginidad al irse”. Paso a paso siguió el consejo Pirulina. Cuando en la noche nupcial estalló el petardo el flamante marido preguntó asustado: “¿Qué fue eso?”. Respondió con un suspiro Pirulina: “Fue el tronido que hizo mi virginidad al irse”. Le suplicó él, angustiado: “Pues dile que me traiga mis éstos. Se fueron con ella”. Susiflor llegó feliz a su departamento. Contó que había conocido a un muchacho lindísimo. Su compañera de cuarto le dijo sonriendo: “Veo que te picó el gusanito del amor”. Contestó Susiflor: “No fue un gusanito”. El alambrista callejero puso dos trípodes, y entre los dos tendió el alambre para sus acrobacias de funámbulo. Estaba en equilibrio sobre el alambre cuando un muchachillo empezó a moverle uno de los soportes. “Niño -le dijo desde la altura-. No me moleste, que estoy trabajando. Cuando tu mamá está en su trabajo yo no voy a moverle la cama”. Terminó el voluptuoso trance de pasional amor, y el guerrero maya se esforzaba en consolar a la princesa Kipe, que se afligía por haber cedido a la pasión. Le dijo: “Trata de ver el lado bueno, Kipe: como ya no eres virgen ya no corres el riesgo de que los sacerdotes te arrojen al cenote”. Babalucas le suplicó ansiosamente a la muchacha: “¿Hacemos el amor, Pirulina? ¿Hacemosel amor?”. Respondió ella, molesta: “Otra pregunta idiota como ésa y me levantaré de la cama, me vestiré y me iré a mi casa”. Se diría que el prigobierno está empeñado en entregar la Presidencia de la República a la oposición. Al malestar general que han provocado la corrupción y la impunidad, al problema con la CNTE y otros sectores del magisterio, se añade ahora la irritación social provocada por los aumentos en el costo de la gasolina y la energía eléctrica. A ese paso la alternancia será cosa segura, sea quien sea el alternante. Dos recién casadas comentaban sus experiencias de la noche nupcial. “-Leovigildo manejó todo el día -relata una-. Cuando llegamos al hotel se tiró en la cama y se durmió al segundo”. “-Bronaldo también -comenta la otra-. Pero él se durmió al tercero”… (No le entendí)… El cuento que cierra el telón de esta columnejilla es parecido al que lo abrió. Casó un rústico mancebo con una chica que había vivido mucho. Ella, temerosa del enojo del muchacho cuando se enterara de su pasado, le dijo: “Eglogio: antes de casarnos quiero que sepas que hace tiempo tuve un tropezón”. “No importa, mi vida -respondió él-. Con tropezón o sin él te quiero igual”. La noche de las bodas él se dio cuenta de que su mujercita era fruta ya calada. “¡Ah! -le dijo con enojo-. ¿De modo que no soy yo el primero?”. “Mi cielo -contestó ella-. Recuerda que te dije que hace tiempo tuve un tropezón”. “Sí -aceptó él-. Pero en mi rancho los tropezones se dan con las patas, no con las nachas”. FIN.

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