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Una cuarta charra

En casi once meses de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha cumplido espectacularmente algunas de sus promesas de campaña: suprimió las pensiones vitalicias a los expresidentes; eliminó las guardias presidenciales; dejó de usar aviones oficiales en sus giras; creó becas para medio mundo, pero ha fallado en el tema de la inseguridad.

Durante estos meses han sucedido en cadena múltiples crímenes de la delincuencia organizada contra personas de todos los sectores de la sociedad en la mayoría de los estados.

López Obrador ha reiterado que no usará mano dura, pues ha faltado alguien que le recomiende algo así como una cuarta charra —que mucha falta le hace a la Cuarta Transformación— para reprender, castigar, sancionar a quienes se portan mal, en vez de advertir a los delincuentes de que los va a acusa con su mamá o su abuelita.

En todo México se tiene la oportunidad de ver diariamente al presidente López Obrador en sus conferencias de prensa mañaneras y escuchar las respuestas que emite—algunas muy desalentadoras—relacionadas, por ejemplo, con el asesinato de 14 policías en el estado de Michoacán, como lo hicieron sus antecesores Felipe Calderón y Peña Nieto de enviar contingentes del ejército para combatir a los criminales.

López Obrador se aferra a la idea de que su gobierno seguirá con las estrategias planeadas para lograr la paz, pues confía—dice—en que el país gozará de paz, mas no se sabe en cuánto tiempo.

EL CRIMEN, BIEN ORGANIZADO

Durante el tiempo de la Cuarta Transformación, los grupos criminales han mostrado que están bien organizados. Mantienen bajo su férula mediante pago a mandos altos, medios y a cientos de policías municipales, estatales y uno que otro federal.

Llevan ventaja sobre las fuerzas armadas cuando son desplegadas en alguna zona, como sucede en Michoacán.

Día con día aumentan los recursos económicos de los criminales debido a que a la vista de todos extorsionan a miles de comerciantes, en casi todo el país, por el derecho de piso, pues no hay nadie en México que lo impida.

Vamos a cumplir un año de que México estrenó un nuevo gobierno y el panorama es opaco: no se vislumbran nuevos derroteros. El presidente López Obrador sigue en campaña pregonando estar cumpliendo con sus promesas, pero a esa mano suave que utiliza para convencer a las masas le hace falta empuñar con firmeza una cuarta charra con chicote que, cuando menos, la haga tronar de vez en vez.

 

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