En Tepeapulco, un pedazo de historia

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En Tepeapulco, un pedazo de historia

Recorrer los edificios históricos de Tepeapulco abre la posibilidad de conocer el pasado de México y sus habitantes, apreciar su cultura y sentir el afán de los pueblos prehispánicos por mantenerse vigentes a través de los detalles de las construcciones. Su presencia es evidente, a pesar de la conquista española que comenzó en esta zona de Hidalgo, después de haber pasado por Texcoco, para extenderse al resto del territorio.

El proceso de evangelización en el siglo XVI inició con la destrucción de las edificaciones prehispánicas, para colocar en su lugar templos agustinos. Por ejemplo, para llegar al jardín principal del exconvento de San Francisco de Asís por la parte frontal, hay que subir unas escalinatas que formaron parte de basamentos piramidales, de templos dedicados al dios Huitzilopochtli.

Durante un recorrido por la zona, Alejandro Muñoz, vigía del patrimonio cultural e integrante de la Dirección de Cultura municipal, cuenta que a la llegada de los españoles, en 1527, se construyó el primer convento en este lugar, con lo que iniciaron la conquista religiosa de la zona.

Seguramente muy pocos, o casi nadie, imaginan la historia del exconvento al subir esos primeros escalones que desembocan en un amplio jardín que, durante la época novohispana, se convirtió en cementerio.

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El guía explica que, después de su llegada a Texcoco, los conquistadores se dirigieron a esta zona porque era un punto importante para la transición de la cultura mexicana a la española.

Al ver de frente la iglesia, en torno al arco principal se ve un cuadro que representa la estigmatización de San Francisco de Asís, quien tiene tres magueyes detrás. Esta es una muestra de que los indígenas que fueron obligados a crear los templos y dejar de lado sus propias creencias, aunque decidieron continuar con su cultura.

Se cree que en ese cuadro está representada Mayahuel, la diosa del maguey, indica Claudia Islas Méndez, directora de Turismo y Cultura de Tepeapulco.

Otros ejemplos de figuras “escondidas” dentro de los templos franciscanos son las de ocelotes, que representaban dioses, así como las flores de calabaza.

Durante el proceso de evangelización se utilizaban cruces, como la que se ubica al frente del exconvento, con símbolos del sincretismo de ambas culturas. Por ejemplo, un mismo objeto podía representar la religión católica y elementos nativos, la esponja con que le dieron vinagre a Cristo también representaba una masa azteca.

Una forma de promover la ideología del Viejo Continente era a través de los cordones franciscanos pintados a las orillas de la pared del convento, que significan: castidad, humildad y obediencia.

Este lugar siempre fue un centro religioso. Los indígenas venían y dormían en los pasillos del exconvento, donde dibujaban su vida cotidiana y las nuevas costumbres, por lo que es posible ver imágenes de dioses, a los voladores de Papantla y la fiesta brava, entre otros iconos, tallados con algún material puntiagudo.

Este apenas es el comienzo de un recorrido lleno de historias dignas de ser conocidas. Bienvenidos a FDS desde Tepeapulco.

 

Sara Elizondo | Pachuca

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