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Amistosos en silencio

No importa que las planas de los diarios digitales y de papel de Argentina traten el partido entre México y la Albiceleste con la punta del pie. Casi como nosotros trataríamos el partido de bobsleigh entre Pakistán e Indonesia.

Esa mínima atención obedece a una tarea que tienen los medios locales: exaltar, ensalzar, vender y saciar la vuelta de la Final de la Copa Libertadores entre su Boca y su River,  máximos exponentes de un futbol vendedor universal de historias, futbolistas y clubes legendarios.

Argentina tiene futbolistas de referencia a través de su historia. Son apasionados, orgullosos, ganadores y líderes en miles de casos.

Pertenecen a una realidad mitológica -si cabe- en la que las leyendas se confunden entre la realidad y la ficción de las grandes épicas.

Y tiene también un sentido natural de mercadotecnia.

A la desaparición semanal de nuestro añorado «El Gráfico», que se decía el mejor promotor de futbolistas argentinos a través de sus fantásticas plumas, le sucede ese prestigio avalado por sus legionarios invasores del mundo que alegran muchas Ligas del planeta.

El River-Boca que se juega hasta el 24 de noviembre es la prueba de amor y saturación mas grande que haya vivido el binomio máximo de popularidad en el futbol de ese país.

Los medios presumen de tener 24 horas de información en vivo sobre el mega-super-archi-clásico. Cualquier respiración, opinión y hasta silencio de los actores se convierte en primera plana durante unas horas. Hasta que llega la siguiente noticia, que puede ser la designación del árbitro para el duelo de todos los duelos. Y luego, la que siga, ampliamente revisada desde mil ángulos.

Argentina vive su fiesta con la pasión que tiene de nacimiento por el futbol y por lo que los medios se encargan de avivar cual anafre informativo que recibe bocanadas de aire.

Debe sentirse un poco extraña la Selección Nacional de todo lo que ahí se vive.

Cuando tiene tan pocas oportunidades de medirse en su propia casa a un rival de tal estatura -aunque no esté Messi, no tenga técnico definitivo y nadie le haga caso en este momento-  debe estar ajena al jolgorio para concentrarse en lo que le toca.

El saldo numérico de duelos entre mexicanos y albicelestes es absolutamente adverso a los nuestros.

Es hora de cambiar un poco ese rumbo.

Varios jugadores del Tri pertenecen a la sangre fresca. Otros gozan de cabal experiencia. Y el «Tuca», que ya se va, querrá entregar algo mas valioso de lo que hasta ahora ha sido su segundo interinato.

México debe tener el ruido por dentro.

El juego de mañana es para jugarlo con toda la seriedad por la oportunidad del choque contra un grande que ha hecho del futbol un producto de exportación natural, aunque hoy su mercadotecnia esté apuntando para otro lado.

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