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Concluye el conflicto en La Pirámide en Benito Juárez

La Pirámide remonta 20 años de enfrentamiento para resurgir como un espacio cultural de la Ciudad de México compartido entre ciudadanos -adscritos a una cooperativa- y el
gobierno capitalino.

“Es un modelo de gobernanza basado en la cogestión: la cooperativa tiene acceso al espacio para dinamizarlo y la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México fortalece la oferta. Es un ejercicio que apunta hacia iniciativas que globalmente están generándose, como los Puntos de Cultura de Brasil”, explica Víctor Villegas, jefe de Unidad Departamental de Programas Comunitarios de la dependencia.

El espacio de la colonia San Pedro de los Pinos, llamado también Centro Cultural Luis G. Basurto, cumple dos años como recinto de la Secretaría, tras un conflicto que enfrentó, durante casi dos
décadas, a la Asociación de Escritores de México (AEMAC) con la delegación Benito Juárez.

En 1992, la AEMAC suscribió un convenio con la demarcación para encargarse del lugar, pero fue cancelado en 1997 por la panista Esperanza Gómez Mont, quien pretendía que la delegación –dirigida entonces por ella– operara el sitio. (Reforma 19/02/1997.)

Subsecuentes administraciones de la Benito Juárez intentaron tomar las riendas de La Pirámide; el sitio, que albergaba proyectos de colectivos culturales convocados por la AEMAC, como Santa Sabina, Circo Sentido, Hermandad Rasta y la Asociación Mexicana de Estudios sobre Cannabis, permaneció en la incertidumbre jurídica hasta que el Comité de Patrimonio Inmobiliario lo incorporó, en 2015, a la red de recintos culturales
de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.

La AEMAC dejó el lugar, apunta Villegas, pero continuaron grupos de creadores que en el curso de los años afianzaron la enseñanza de la danza área y las expresiones culturales africanas, entre otras actividades.

Ahora integran la Cooperativa La Pirámide, Arte,
Cultura y Ecología, que imparte más de 30 talleres.
“La cooperativa se encarga de las actividades y los talleres del espacio. Nosotros, como Secretaría de Cultura, hemos promovido que también sea un lugar para que sectores o grupos vulnerables tengan un lugar donde generar propuestas”, añadío Víctor Villegas.

Actores con síndrome de Down, por ejemplo, ocupan el teatro, mientras personas con discapacidad visual participan en el coro del lugar, adultos mayores de Tepito exponen su trabajo y la población LGBT halla aquí un foro.

Es, además, sede de Biblioteca Cannábica, que se presenta como la primera de América Latina, fundada hace 14 años.

Sin recursos públicos garantizados durante la época de conflicto, según denunció AEMAC, el recinto recibe ahora un presupuesto de 250 mil pesos que ha permitido rescatar el anfiteatro, cambiar la duela del teatro, dañada por inundaciones y reemplazar ventanales, entre otras labores.

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