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A pedalear y comer por Lima
A pedalear y comer por Lima Foto: Agencia Reforma

A pedalear y comer por Lima

La idea suena suculenta y satisfactoria: conocer Lima a bocados y, también, a pedaleadas, para que la culpa de la glotonería no abrace al viajero.

Manos en el manubrio de una bicicleta, casco bien firme y radio receptor probado -para recibir los comentarios del guía-. La aventura, que promete conocer una pizca de la capital peruana, se centra en el barrio Miraflores.

Porque el distrito turístico y bohemio por excelencia es también un crisol que refleja bien la gastronomía inca, manjar mundial.

Sin embargo, este paseo no pretende adentrarse en restaurantes aclamados por la crítica mundial, que, por supuesto, Lima presume.

Los sitios que contempla este itinerario son rincones íntimos, sin pretensiones, en los que es posible probar esos sabores que degustan los lugareños de a pie.

Huarique, les dicen. Escondrijos, en quechua.

El primero es El Chinito, sucursal de la sanguchería limeña con gran fama, fundada en 1960. Hay que probar el emparedado de chicharrón de cerdo, crocante, acompañado de camote, salsa criolla y ají, para no extrañar el picante.

La comida se acaba, pero no hay tiempo para hacer sobremesa, alerta el guía: en cuatro horas debemos recorrer, a rodada lenta, unos 10 kilómetros.

En el trayecto, admiramos parques (Kennedy, Del Amor), camellones (de la avenida Pardo), y malecones, en caminos serpenteantes, suaves descensos y una que otra pendiente, acariciados por la brisa marina.

El 80 por ciento de la ruta total se realiza sobre una ciclovía, así que no hay preocupaciones por la seguridad.

Tragos de agua y paradas ocasionales para las fotografías del recuerdo, la ruta lleva al Mercado de San Isidro, donde, entre puestos de frutas y raíces medicinales, aguarda el cebiche, la joya de la corona de la comida peruana.

Preparado al momento, con leche de tigre y choclo (maíz) y camote como guarnición, causa adicción y veneración al instante: es devorado en un parpadeo.

El destino final de la pedaleada gastronómica es un postre, en Cremoladas Curich. Se trata de una suerte de nieves frutales, delicia para los peruanos.

Para refrescarse, las opciones consentidas son lúcuma y chirimoya, aunque la oferta es de más
de 50 variedades.

El sudor y los músculos tensos que deja esta experiencia bien valen la recompensa: sabores de esos que la mente atesora.

 

 

Mario Abner Colina I Agencia Reforma

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