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El precio de la fama
El precio de la fama Foto: Agencia Reforma

El precio de la fama

¿Cuál es el precio de la fama? Para algunas celebridades puede ser tan alto como la muerte y para otros, con un poco de más suerte, algún trastorno mental, como la ansiedad o la depresión.

Esos dos padecimientos son los más comunes entre algunos actores, como Kit Harington, Sophie Turner, Daisy Ridley y Adele, quienes, de la noche a la mañana, se convirtieron en estrellas internacionales y no pudieron lidiar con todo lo que ello implica, así que acabaron en terapia y tomando uno que otro medicamento.

“Generalmente, los artistas no esperan como tal la fama, porque hacen su arte, su expresión, a partir de lo que son ellos mismos. Es una manifestación de mi sentir, de lo que soy, percibo y observo en el mundo”, explicó el psicólogo y antropólogo Jorge Barrera.

De acuerdo con el artículo Being a celebrity: a phenomenology of fame, publicado en el Journal of phenomenological p sychology, hay cuatro fases que, por lo general, experimenta una persona cuando pasa de ser un desconocido a una figura popular: amor-odio, adicción, aceptación y adaptación.

Es decir, al principio existe un gusto culposo por ser reconocido. Con el tiempo, la admiración se vuelve necesaria, adictiva; después se aceptan como inherentes cosas como el asedio del público y los medios, y, finalmente, el famoso acomoda todas esas circunstancias, aunque a veces no de la mejor manera.

Recientemente, Sophie Turner, la intérprete de Sansa Stark en Game of Thrones, reveló que los comentarios negativos hacia su personaje la llevaron a un quiebre en su salud mental que originó una depresión y un deseo inmenso de aislarse.

“Lloraba y lloraba simplemente al cambiarme de ropa. No quería hacer nada, no quería salir y sentía que no tenía nada. He padecido con mi depresión durante cinco o seis años. El reto más grande para mí es levantarme de la cama y salir de casa. Aprender a amarte a ti mismo, eso es lo más difícil”, dijo en entrevista durante el podcast del Dr. Phil.

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Ser una celebridad conlleva una serie de conductas, roles y deberes que se han vuelto más voraces con el paso de los años, a consecuencia de la inmediatez con que viaja la información, apunta Barrera. Y es que el medio social pierde de vista que esa “estrella” también es un ser humano.

“Pasa mucho con los comediantes, que cuando están en reuniones o la gente los ve en la calle, inmediatamente les piden que actúen como el personaje o que digan algo gracioso”.

“Pero no tienen la obligación, pues ese es solo su trabajo. También se enojan, se sienten tristes y no quieren que les hablen. Son humanos”, insiste el especialista.

Aunque muchos sueñan con la fama y con ser reconocidos en todo el mundo, lo cierto es que, al conseguirlo, la gente ya no valora a la persona, sino que se concentra en calificar sus acciones.

“Hay una pérdida y puede haber un duelo, siempre y cuando la persona entre en una cuestión emocional. Me estoy dando cuenta que mi individualidad es desconocida, incluso para mí”, expresa Barrera.

Aún después de que se “acepta” la fama, se debe lidiar con la disminución de confianza en sí mismo, el recelo hacia los demás y las demandantes expectativas que recaen sobre la estrella, según se explica en Being a Celebrity…

Eso fue lo que Kit Harington experimentó después de la quinta temporada de Game of thrones, cuando el interés por saber si su personaje, Jon Snow, estaba vivo, se salió de control. ¡Hasta el entonces presidente Barack Obama le preguntó qué sucedería con él!

“Me debía sentir la persona más afortunada del planeta, pero en realidad me sentía vulnerable. Fueron momentos vacilantes.

“Me había sentido muy inseguro, no hablaba con nadie. Debía estar agradecido por lo que tenía, pero en su lugar me sentía súperconsternado de si alguna vez podría actuar (de nuevo)”, contó el intérprete a Variety.

En el caso de un menor de edad, el proceso es distinto al de un adulto, explica el especialista. Este último ya tiene estructurada su personalidad y debe trabajar sobre su sentido de vida; pero eso no impide que algún trauma pueda surgir al enfrentarse con ser famoso.
Asimismo, lidiar con la fama no será igual para alguien que la obtiene de manera fortuita a quien la buscó por todos
los medios.
“Muchas veces, cuando llegan a estos elementos ficticios (de la fama) se dan cuenta de que era algo que en el fondo no querían y no era como lo habían creído.

“Los discursos son homólogos: ‘Tenía éxito, estaba rodeado de gente, era una persona reconocida, pero me sentía solo’. Ahí es cuando te das cuenta de que construyeron todo ese camino hacia el éxito y la fama no por una libertad propia, sino porque así se los enseñaron”.

Fidel Orantes I Agencia Reforma

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