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Panal y la maestra

 

El tradicional sospechosismo no deja lugar a dudas. El partido Nueva Alianza llegó a un acuerdo para respaldar al candidato del PRI, José Antonio Meade, y casi al mismo tiempo la maestra Elba Esther Gordillo, quien fundó el partido, fue enviada a prisión domiciliaria. Los dos hechos deben estar relacionados.
Sin embargo, aunque Nueva Alianza postuló a un candidato propio a la presidencia en 2012, el partido ha votado de forma consistente en el Congreso con el PRI en este sexenio. El riesgo que tiene un partido pequeño de quedar sin registro en caso de competir en solitario constituye un acicate enorme para unirse a alguna coalición. No en balde ningún partido está compitiendo por sí solo en este proceso. La alianza entre el Panal y el PRI es bastante más lógica desde un punto de vista ideológico que la que tienen el PAN y el PRD o Morena y el Partido Encuentro Social, una organización religiosa y moralista.
En cuando a la decisión de mandar a la maestra a prisión domiciliaria, ésta ha llegado de forma tardía. La ley establece la posibilidad de pagar una condena en reclusión domiciliaria después de los 70 años, particularmente cuando el reo tiene problemas de salud, como es el caso de la maestra. De no haber sido Gordillo una presa política, hace dos años habría tenido esta prisión domiciliaria.
¿Presa política? Sí, así lo pienso. Elba Esther fue detenida a mi juicio por haberse opuesto a la reforma educativa del presidente Enrique Peña Nieto. Es verdad que su despliegue de gastos suntuarios y su arrogancia le costaron muy caros. El dinero, sin embargo, venía del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, que nunca presentó denuncia en su contra por fraude o malversación. El actual presidente del sindicato, Juan Díaz, ha evitado hasta la fecha carearse con la maestra porque seguramente tendría que confirmar que el sindicato siempre conoció, como lo supimos todos, de los gastos de la maestra.
Las acusaciones originales contra la maestra fueron por operaciones con recursos de procedencia ilícita, o sea, lavado de dinero. Pero el dinero que gastaba no venía del narcotráfico o de otras actividades ilícitas, sino del sindicato. La acusación de delincuencia organizada no significa que Gordillo participara en una banda delincuencial; sólo quiere decir que en las operaciones en las que recibió el dinero del sindicato participaron tres personas o más. Además, se le fincaron dos acusaciones por defraudación fiscal, por las cuales ha quedado ya exonerada.
Cinco años después de las acusaciones por lavado de dinero y delincuencia organizada, Elba Esther no ha recibido sentencia. Se le ha castigado con cinco años de cárcel por dos delitos en los que no se le ha hallado culpable. A pesar de que nos dicen que existe la presunción de inocencia en México, en estos casos primero se castiga y después se juzga.
La detención de la maestra ayudó a impulsar la popularidad del presidente Peña Nieto a principios de 2013. Elba Esther se condenó a sí misma por sus gastos suntuarios en un país que sufre de una gran pobreza. Pero usar dinero de un sindicato para realizar gastos personales no es un delito a menos que el sindicato presente una denuncia. Veamos el caso de Carlos Romero Deschamps del sindicato petrolero, quien a pesar de tener un nivel de vida muy superior al que podríamos suponer para un líder sindical no ha tenido ningún problema con la justicia.

Voto de castigo
Sebastián Piñera ganó por cómodo margen las elecciones chilenas. Fue un voto de castigo al gobierno de izquierda de Michelle Bachelet, que en el afán de combatir la desigualdad aumentó los impuestos y promovió políticas populistas que elevaron la pobreza por primera vez en décadas.

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