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Sol invicto

 

Este jueves 21, a las 10:28 de la Ciudad de México, tendrá lugar el solsticio de invierno. El sol estará en su punto más alejado del ecuador celeste. Su trayectoria será más al sur que en cualquier otra época. El día será el más corto y la noche la más larga del año. En ese momento empezará el invierno astronómico.
El término solsticio viene de sol sistere y señala que el sol aparentemente se detiene sobre el firmamento. Después de haberse movido cada día más al sur, empieza primero a bajar con mayor lentitud hasta aparentemente detener su movimiento diario, sólo para empezar a moverse una vez más hacia el ecuador.
El solsticio ha sido notado y celebrado desde tiempo inmemorial. En la antigua Roma el festival del sol invicto festejaba que el sol había sobrevivido a su caída constante en el horizonte y empezaba una vez más una marcha ascendente. La Navidad, que no era una fiesta de los primeros cristianos, en parte porque la Escritura no señala la fecha de nacimiento de Jesús, fue fijada por el emperador Constantino el 25 de diciembre en un aparente intento por fusionar la fiesta con la del sol invicto.
No fueron éstas las únicas fiestas del solsticio. En muchas culturas se marcaba el inicio del invierno. El hecho de que el sol empezaría a levantarse una vez más sobre el horizonte generaba esperanza de que las largas noches y el frío del invierno terminarían y la naturaleza se renovaría en la primavera. Las fiestas del solsticio alimentaban el ánimo en el momento más oscuro del año.
Poca gente se da cuenta hoy, al festejar la Navidad, que está celebrando un proceso astronómico. El sol sufre su momento de mayor debilidad, pero deberá levantarse nuevamente en los próximos meses hasta alcanzar su punto más alto en el horizonte en el solsticio de verano, en junio. El sol invicto se festeja cuando los rayos del astro apenas iluminan y parecen haber perdido la fuerza de calentar.
En la sociedad contemporánea ya no tenemos la capacidad de mirar al firmamento como lo hacían nuestros antepasados. Durante milenios, ante la falta de luz, el ser humano no tuvo más entretenimiento por las noches que contar historias, cantar o ver el cielo. Los viejos, que habían podido observar los fenómenos astronómicos durante más tiempo y habían recibido información de sus padres y abuelos, explicaban a los jóvenes los cambios en el cielo, en la elevación del sol, en las fases de la luna. Esto les permitían conocer mejor el paso de las estaciones y entender qué tipo de alimento podrían encontrar.
Hoy la luz eléctrica ha hecho que la noche no sea muy diferente al día. Las opciones de entretenimiento en las noches se han multiplicado. De la lectura pasamos al teatro, al cine, a la radio, a la televisión y al internet. No hay tiempo para ver el firmamento. La luminosidad de las ciudades contemporáneas, por otra parte, hace muy difícil percibir los astros con la nitidez de antaño.
El sentido del solsticio se pierde ante la desaparición del firmamento como referencia constante. Ni los jóvenes ni los viejos actuales, que nacieron ya con luz eléctrica, muestran asombro ante un sol que suspende su trayectoria cotidiana hacia el sur y empieza a moverse hacia arriba. Celebran en la Navidad una fiesta familiar de origen religioso, pero no se percatan que el festejo surgió del milagro del sol invicto, de un sol que se niega a rendirse incluso en su momento de mayor debilidad.

Careos
Beatriz Rojas, coordinadora de comunicación del SNTE, me señala en un escrito que el maestro Juan Díaz de la Torre, presidente del sindicato, “nunca se ha negado a comparecer ni a sostener un careo con la maestra Elba Esther Gordillo”. Reconoce, sin embargo, que tampoco ha habido careo.

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