En Hidalgo, jugadoras como Lucero Piña Granados encuentran en la talacha una vía para competir, viajar y ganar dinero

La talacha permite a las jugadoras mantenerse activas y generar recursos. Fotos: Alejandro Velázquez
El futbol y la talacha femenil en Hidalgo son actualmente un movimiento constante, con viajes, torneos y dinero que se gana partido a partido. Ahí se construye una realidad que sostiene a jugadoras como Lucero Piña Granados, lejos del profesionalismo tradicional, pero con un peso real en su día a día dentro de la cancha.
“Creo que al final es un apoyo; muchas venimos de fuera o no tenemos ese medio de donde apoyarnos, y esto nos respalda para venir, jugar y también ganar algo (…) Es dinero y nos ayuda mucho”, dijo.
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Lucero Piña Granados, conocida como Caramelo, ha encontrado en este circuito una estabilidad competitiva, con años recorriendo torneos en los que el nivel exige y el margen de error es mínimo. Ahora, tras coronarse en el tradicional Torneo de Semana Santa en Ajacuba, reafirmó su presencia dentro del futbol y la talacha femenil.
“Ya tengo varios años viniendo; no se me daba tan seguido, pero es un buen torneo y ahora venimos con un buen plantel”, comentó.

En México, cerca del 20 por ciento de las mujeres practican este deporte, una cifra que explica el crecimiento del futbol y la talacha femenil como una estructura paralela que permite competir, generar ingresos y mantenerse activa, aunque todavía con diferencias claras frente al varonil.
Para Lucero Piña, el ingreso económico es parte central de esta dinámica: cada salida implica gasto y cada partido representa una posibilidad de recuperar y sostener ese ritmo.
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“En lo económico, transporte, viáticos, eso es lo que más nos conviene para venir y poder reportar algo”, explicó.
Con el paso de los años, el panorama ha cambiado: hay más torneos, más actividad y mejores condiciones, aunque el camino sigue en desarrollo dentro del futbol y la talacha femenil.
“Ya llevo varios años; antes no era tanto, pero siempre nos han pagado. Ahora es más amplio lo de la talacha”, señaló.
La comparación con el futbol varonil aparece de forma natural, sobre todo en el tema de apoyos y patrocinios, donde la brecha sigue siendo evidente.
“Está claro, en el varonil hay más patrocinios; en el femenil aún no es tan amplia esa parte, apenas se está abriendo”, apuntó.

La aparición de nuevas ligas también ha generado movimiento, abriendo espacios que fortalecen la actividad y dan mayor proyección al futbol y la talacha femenil.
“Ahora que se abrió la Queens League México, nos apoyan un poco más y le damos prioridad; es un campo nuevo para nosotras”, agregó.
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En cuanto a los ingresos, los montos varían dependiendo del torneo y el formato, pero ya existe una referencia clara dentro del circuito competitivo: “En cancha chica puede ser mil pesos y en soccer unos tres mil”, mencionó.
Su camino dentro del futbol no fue el habitual: no pasó por procesos formativos tradicionales, sino que encontró el juego dentro de otra estructura que terminó marcando su carrera.
“Yo no jugaba soccer; entré al Ejército y ahí aprendí. Después salieron oportunidades, pero no podía tener doble ingreso; elegí quedarme en el Ejército porque es algo base”, relató.
Actualmente, su vínculo con el Ejército Mexicano define gran parte de su actividad, limitando su participación en otros equipos, pero manteniéndola en competencia constante.
“Somos tricampeonas de la Copa Potosí; este año no se dio, pero hemos sido constantes”, comentó la futbolista.
El nivel llegó con el tiempo, sin buscarlo directamente, pero respondiendo dentro de la cancha; hoy comparte espacio con jugadoras que sí pasaron por el profesionalismo.
“Muchas amigas mías jugaron profesional; ahora que lo aprendí, creo que se nos han dado las cosas”, dijo.
Más allá del ingreso o la competencia, también hay una conexión directa con la gente que sigue estos torneos, que consume este futbol y la talacha femenil desde la cercanía.
“Gracias por confiar en nuestro futbol; creo que se llevan un buen sabor de boca, eso nos llena”, expresó.
En ese ritmo constante de torneos, traslados y partidos, el futbol y la talacha femenil se mantienen como una base real para muchas jugadoras en México, un espacio en el que competir también significa sostenerse. Es ahí donde Lucero Piña ha construido una trayectoria firme, sin ruido, pero con resultados.
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