Prohibido prohibir. Suena a frase gastada, pero sigue vigente en un país en el que todavía podemos elegir qué ver, qué comer, qué pensar y hasta qué disfrutar, aunque a algunos les incomode
Prohibido prohibir. Suena a frase gastada, pero sigue vigente en un país en el que todavía podemos elegir qué ver, qué comer, qué pensar y hasta qué disfrutar, aunque a algunos les incomode. Y sí, cuando empiezas a prohibir lo que no te gusta, lo siguiente ya no tiene freno. Hoy es la tauromaquia; mañana, quién sabe qué más.
Desde hace un año, en el Congreso del estado se presentó la iniciativa para abolir la tauromaquia en Hidalgo y, desde entonces, se han desatado presiones de todos lados, porque cuando algunos sienten que pueden ganar la batalla, empujan con todo: político, mediático y hasta moral.
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En el Congreso hay iniciativas que se quedan congeladas legislatura tras legislatura, pero curiosamente esta es la que a todos les urge. Tanto, que ya escaló hasta el nivel del Ejecutivo estatal, generando ruido innecesario.
Yo no vengo a vender la tauromaquia como arte, cultura o deporte; de hecho, ni siquiera la considero un deporte, pero sí hablo como alguien que ha estado ahí, que ha ido a la plaza, que no habla desde el prejuicio: un simple aficionado que, sin conocer, acudió a una corrida.
En 2013 estuve en la Vicente Segura en una corrida de Pablo Hermoso de Mendoza y lo digo claro: yo, que soy amante de los animales, jamás vi lo que algunos hoy describen como una masacre automática.
Y ahí es donde se rompe todo, porque la discusión ya no es técnica ni razonada; es emocional y de posturas cerradas. Hay quien entra con la idea de que es tortura y sale confirmándolo, y hay quien entra a observar y ve otra cosa. Al final, lo que menos hay es voluntad de escuchar al otro.
En toda esta pelea, incluso algunos han reconocido —sin decirlo abiertamente— que lo que menos les importan son los toros de lidia, sino el cierre de la práctica como símbolo, como bandera, como trofeo moral. Y eso también debería discutirse con honestidad.
Yo no vengo a defender la tauromaquia desde los típicos argumentos de que es un sostén económico, ni desde las familias que viven de esto, ni tampoco desde la importancia biológica del toro de lidia en los ecosistemas. Lo que no está bien es prohibir por prohibir, porque cuando la lógica se vuelve esa, se abre la puerta a decisiones donde lo importante deja de ser el fondo del asunto y pasa a ser simplemente eliminar lo que incomoda, sin importar el contexto ni lo que venga después.
CONEJO, ENTRE CRÍTICA Y CONTEXTO
A otro que también le han atizado durante la semana es a Óscar Pérez, director del Instituto Hidalguense del Deporte (Inhide), por señalamientos que, en muchos casos, parten desde el desconocimiento.
A portales y páginas con poco o nulo conocimiento del deporte se les hace fácil tirarle al afamado Conejo, hablando de “fracaso” en futbol y beisbol, cuando ni siquiera ubican cómo están conformadas las asociaciones deportivas ni quiénes las encabezan.
El futbol, por ejemplo, fue una potencia para la entidad cuando existía una sinergia directa entre el estado y el Club Pachuca, pero ese modelo se fue debilitando con el tiempo por distintos factores, entre ellos decisiones y posturas que en su momento también generaron ruptura dentro del propio entorno deportivo.
Reitero: acá no se trata de defender a Óscar Pérez. No creo que sea el mejor director del Inhide, pero tampoco el peor; simplemente es un proceso que no puede analizarse desde la superficie.
Y lo digo como se dice en el rancho: cuando digo que la burra es parda es porque tengo los pelos en la mano. Esta pluma está en los hechos, en el lugar, viendo los procesos, y no detrás de un teclado o un teléfono opinando desde la distancia.
Ahora viene el abanderamiento de una Olimpiada Nacional atípica, adelantada por el contexto rumbo al Mundial 2026, y por lo que se ha visto en este nuevo proceso no se auguran escenarios sencillos. Son factores externos los que también influyen, y eso puede terminar afectando el rendimiento de Hidalgo en el medallero y en la cosecha de resultados, más allá de lecturas simplistas o conclusiones apresuradas.
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